miércoles, 10 de octubre de 2012

¿Y ahora qué hago? ¡Estoy solo!


Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. (2 Corintios 12:10)

Creo que todos en un momento de nuestra vida, o en gran parte de nuestra vida hemos experimentado la soledad y el dolor. Es más, muchas veces la soledad y el dolor se vuelven parte de nuestra vida.

Sé que muchas veces has discutido con tu mejor amigo, y comienzas a sentir que ya no tienes con quién hablar, y cuando llegas a tu escuela o universidad te sientes solo porque generalmente hacemos todo con nuestros amigos más cercanos.

Más de alguna vez ya has experimentado la soledad y el dolor cuando te peleas con tus papás, casi todos pasamos por ahí. No sé por qué hay momentos que nuestro padres nos dicen cosas hirientes, que nosotros desearíamos no existir, y luego de la discusión te sientes solo y lloras a la orilla de tu cama por el dolor que tu padre causó por sus palabras.

También hay que mencionar el gran dolor y soledad que se experimenta cuando hemos tenido un problema sentimental o más grave aún, hemos tenido una ruptura amorosa, sólo los que lo han podido experimentar lo entenderán.

Con estos pocos ejemplos, y sé que hay mas, he querido hacerte pensar acerca de la soledad y el dolor.

Pero ¿Por qué la soledad y el dolor? te preguntarás, bueno yo te respondo que creo que muchas veces la soledad se acompaña de este aliado que es el dolor. Y sé que no me dejarás mentirte. Hay ciertos momentos en nuestra vida que nos preguntamos qué pasaría si hubiésemos nacido en otro país, otra familia, u otro entorno social. Sólo tú conoces tus momentos de soledad.

Pero hoy quiero decirte que aunque duela mucho, es necesario que pases por esos  momentos. Esto te sirve para que te hagas más fuerte y tu carácter se fortalezca. Pon atención, no dije que eran para que te hicieras orgulloso, altivo, o se vengan abajo tus ánimos, NO.

Quiero decirte y que te grabes esto muy bien: PORQUE CUANDO SOY DÉBIL ENTONCES SOY FUERTE. (2 Corintios 12:10)

Es en esos momentos de dolor y soledad donde tú te debes de volver fuerte, pero ¿Cómo? La respuesta es: Sé fuerte en Dios. Agárrate de Él con todas tus fuerzas. No hay otra forma de sobrevivir a esos momentos, créeme que la única forma de aligerar y salir adelante del dolor y la soledad es agarrado de la mano de Dios, cuando eres débil en esos momentos, entonces llega la hora de fortalecerte en Dios y volverte fuerte.

Cuando experimentes dolor o soledad es una buena ocasión para tomar valor, fuerzas y seguir a Dios con más coraje. Cuando te sientes solo, debes de comenzar a hablar con Dios, a buscarlo más, ya que Él es él único que nunca se aburrirá de escucharte. Él es el que siempre estará atento a cualquier locura que quieras contarle, el que te puede dar un fuerte abrazo cuando se lo pidas o cuando lo necesites, el que limpia tus lagrimas en esos momentos que ya no puedes más, el que cuando sólo necesites la compañía te la dará. Sólo Él estará contigo las 24 horas del día, búscalo hoy. 

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