jueves, 18 de octubre de 2012

¡Empieza hoy!


En el reino de Dios pasará lo mismo que sucedió cierta vez, cuando un hombre decidió irse de viaje. Llamó a sus empleados y les encargó su dinero.  El hombre sabía muy bien lo que cada uno podía hacer. Por eso, a uno de ellos le entregó cinco mil monedas, a otro dos mil, y a otro mil. Luego se fue de viaje. El empleado que había recibido cinco mil monedas hizo negocios con ellas, y logró ganar otras cinco mil.  El que recibió dos mil monedas ganó otras dos mil. Pero el que recibió mil monedas fue y las escondió bajo tierra. Mucho tiempo después, el hombre que se había ido de viaje regresó, y quiso arreglar cuentas con sus empleados. Llegó el que había recibido cinco mil monedas, se las entregó junto con otras cinco mil y le dijo: “Señor, usted me dio cinco mil monedas, y aquí tiene otras cinco mil que yo gané.” El hombre le dijo: “¡Excelente! Eres un empleado bueno, y se puede confiar en ti. Ya que cuidaste bien lo poco que te di, ahora voy a encargarte cosas más importantes. Vamos a celebrarlo. ”Después llegó el empleado que había recibido dos mil monedas, y le dijo: “Señor, usted me dio dos mil monedas, y aquí tiene otras dos mil que yo gané.” El hombre le contestó: “¡Excelente! Eres un empleado bueno, y se puede confiar en ti. Ya que cuidaste bien lo poco que te di, ahora voy a encargarte cosas más importantes. Vamos a celebrarlo. Por último, llegó el empleado que había recibido mil monedas, y dijo: “Señor, yo sabía que usted es un hombre muy exigente, que pide hasta lo imposible.  Por eso me dio miedo, y escondí el dinero bajo tierra. Aquí le devuelvo exactamente sus mil monedas.” El hombre le respondió: “Eres un empleado malo y perezoso. Si sabías que soy muy exigente,  ¿por qué no llevaste el dinero al banco? Así, al volver, yo recibiría el dinero que te di, más los intereses. Entonces el hombre dijo a sus ayudantes: “Quítenle a éste las mil monedas, y dénselas al que tiene diez mil.  Porque al que tiene mucho se le dará más, y le sobrará; pero al que no tiene nada, hasta lo poco que tiene se le quitará.” (Mateo 25:14-28)

Muchos caminan por la vida con heridas, dolor, odio, rencores, o algo similar. Aunque muchas veces las razones de los resentimientos puedan variar, hay una cosa que es muy recurrente: El que una persona les haya dicho alguna vez o muchas veces en la vida palabras duras como “¡Inútil”” o “¡Bueno para nada!”.

Entiendo el hecho de que alguien cercano a nosotros nos diga esas palabras, puede lastimar, si fuera un desconocido el que lo dijera eso, lo más probable sus palabras no nos importarían en lo absoluto. Este día quiero ayudarte a ver esas palabras de otra forma, desde otro punto de vista.

Independientemente de la manera por la que esa persona te haya dicho eso, o quizá algo más fuerte que se me ha escapado, quiero invitarte a que te relajes, no lo tomes tan a pecho, y que pienses que lo que realmente quería decirte era que no eres bueno para todo. Y eso es verdad, ¡Es imposible ser bueno para todo, pero ¡Para algo sí eres bueno!

Antes de seguir, Lee el versículo que esta más arriba; es la conocida parábola de los talentos. Una de las muchas lecciones que podemos encontrar en esa historia que Jesús contó, es que todos tenemos por lo menos un talento ¡Pero el que no lo use lo perderá! Así que si quieres ser de los buenos siervos, corre y usa lo que tienes ahora.

Esto es muy importante, compararte con otras personas es una pérdida de tiempo, así que no trates de ser como otros, eres único/a y tienes capacidades únicas. Hay semillas que Dios puso dentro de ti, y que el mundo está esperando que saques y explores, pues harán una diferencia en la vida de muchas personas.

¿Qué te apasiona? ¿Qué cosa es fácil de hacer para ti? Hay talentos que tienes y sobre eso debes empezar a construir. ¡Empieza hoy!

Descubre tus talentos, la mejor manera de hacerlo es haciendo algo. Sirve en tu escuela, en tu hogar, en la iglesia o barrio. Ofrece tus servicios de asistente, en donde veas una necesidad.

Perdona a los que te lastimaron con sus palabras, en su mayoría de casos son personas que, por la forma en que fueron formados, no se daban cuenta del poder de sus palabras y te aseguro que la mayoría tenía buenas intenciones, aunque sinceramente no entiendo del todo por qué usan palabras fuertes para animar, según ellos, a otros.

Empieza ahora, estudia un curso de guitarra, estudia una maestría, vuelve a la universidad; habla en público a chicos más jóvenes que tú, sirve en una célula, nunca es tarde.


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