sábado, 12 de mayo de 2012

Hermosa adicción


Bien saben que los de la familia de Estéfanas…se han dedicado a servir a los creyentes. (1 Corintios 16:15)

Yo quiero que comiences hoy a desarrollar una adicción, una adicción a la Palabra de Dios.

Esto puede que te parezca extraño, especialmente si no tienes mucho interés en la Palabra ahora. Pero créeme, es posible. Yo lo he hecho y he visto a otros hacerlo muchas veces.

Todo lo que tienes que hacer es decidir entregarte a ella. Enfocar tu tiempo y atención en la Palabra.

Mientras más te consagres a ella, más aumentará tu deseo por la Palabra. Con el tiempo, ella consumirá tus pensamientos.

¿Sorprendido? No deberías de estarlo. Eso pasa con cualquier cosa a la que tú te entregas totalmente. Por ejemplo, esto sucede con la gente que se dedica a la pornografía. A medida que fijan su atención en eso, el espíritu que opera detrás avanza en su conciencia y al final los lleva de la actividad mental a la actividad física. Por último, llegan al punto donde no pueden satisfacerse, no puede saciarse.

Ese mismo principio funciona en el aspecto positivo cuando comienzas a dedicarte a la Palabra de Dios. Tú puedes entregarte a ella hasta el punto donde consuma totalmente tu vida mental y física.

Entre más recibas, más quieres. El espíritu detrás de la Palabra, el Espíritu Santo, te atraerá y te llevará más cerca de Jesús de lo que tú te imaginas.

Todavía no he conocido a alguien que camine en fe y poder, que alguna vez no haya desarrollado esa clase de adicción a dedicarse totalmente a la Palabra por un tiempo largo. No quiero decir unos cuantos minutos aquí y allá. Hablo de un tiempo serio.

Por lo tanto, debes proponerte hacer eso. Determina ser un adicto a la Palabra. Una vez que lo hagas, nunca estarás dispuesto a vivir sin ella de nuevo.

Lee y medita: Hebreos 4:1-12



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