jueves, 5 de enero de 2012

¿Y qué hago con mis tentaciones?


Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad. 2 Corintios 12.9 (BLA)

La palabra de Dios dice que no hay condenación para el que está en Jesús. Pero hay algo que todavía enfrentamos todos los días: la tentación.

Aunque, por lo general, las tentaciones sexuales son las más escandalosas, las hay de todo tipo. Las tentaciones pueden ser respecto del dinero, la fama, el ego, o romper reglas, ignorar limites, estar extremadamente enojados, etc, etc, y etc. No hay nadie que no sea tentado.

El problema no es la tentación en sí (hasta Jesús fue tentado) sino cómo reaccionas a la tentación. ¿Obedeces a la tentación en el momento en que viene a tu mente o se te presenta? ¿Estás consciente de la batalla por tu vida que se está librando cada día?

Debes saber que, al momento de estar en medio de la tentación, no se puede ver el costo (el cual es mucho más que lo que ves en el momento), por eso debes aprender a vencer la tentación antes de que llegue. El costo de caer en tentación afectará:

-          Tu futuro (esa decisión tendrá resultados de manera inmediata o futura, pero lo tendrá)

-          El futuro de alguien cercano a ti (otros serán impactados por tus decisiones y acciones)

-          Tu fe (cada vez que cedas a la tentación rompes una pequeña parte de la relación con Dios al punto, como en muchos casos, de alejarte por completo de Dios)

Mateo 4:1-10 (cuando Jesús fue tentado), allí podemos aprender (entre otras cosas) que tu habilidad de responder a la tentación será directamente proporcional a tu confianza en Dios. ¿Qué significa esto? Que si sabes que Dios está trabajando en ti y estás formando los hábitos de un hijo suyo, entonces puedes confiar tu vida en Sus manos, y así ver las tentaciones desde otra perspectiva y no como “esa gran piedra que me hace caer”.

Si alguna vez has visto una película más de una vez, de seguro sabes que la segunda vez que la veas el final será el mismo. Y, aunque estés con amigos que nunca la han visto, tú no estás tan nervioso o preocupado por los actores, pues ya sabes el final de la historia. Ya sabes que aunque el actor esté en un problema en el principio, al final, la solución no es tan complicada y seguirá adelante.

Te tengo una noticia. Hay alguien que sabe el final de la historia y no se asusta por las circunstancias que vivas. Es Jesús. Al morir en la cruz, Jesús no sólo pagó el precio del pecado que nos alejaba de él, sino que vino a LIBERTARNOS del pecado. Únete a él y verás que estando con él, las tentaciones no son tan grandes como parecen (es más, a veces suenan ridículas). Verás la diferencia y podrás decir. “¿Eso me hacía caer?” ¡Estar con Jesús marca la diferencia!

Vence la tentación antes de que llegue. Eso significa que evites estar cerca de las cosas que te hacen caer. Por ejemplo, si has luchado con el alcohol, deja de ir a lugares en donde sabrás que van a servirlo. Lo mismo con la pornografía, la pereza, etc.

Sé sincero. No trates de engañarte a ti mismo diciendo “cuando esté mejor buscaré a Dios” o “esta tentación no es gran cosa, yo puedo manejarlo solo”. ¡NO! No pierdas tu tiempo y toma pasos para vivir en la libertad que Cristo ya te ha dado. Eso se hace rindiendo todo (incluyendo las tentaciones) a Él.

Recuerda que el costo de la tentación es mucho más que lo que se ve por encima. No creas las mentiras del enemigo que te hace pensar que “una pequeña cosa que hagas no le hará daño a nadie”.

Rinde cuentas a uno o dos amigos. Habla lo que te pasa durante la semana (victorias, derrotas, luchas, avances) con dos personas que han tenido una relación con Dios más cercana y genuina de lo que tú has tenido. Pueden orar juntos, hablar de cómo han salido delante de las mismas situaciones y recomendarse libros.

Memoriza la Escritura. Forma el hábito de aprender partes de la Escritura, para que llenes tu mente de palabras de Dios.

Piensa en el futuro que estás creando y acciona hoy. Te recuerdo que la persona que serás mañana la estás formando hoy. Toma decisiones drásticas y radicales en tu manera de manejar tus tentaciones.

Repite esta oración conmigo:

Jesús, gracias porque me liberaste al morir en la cruz. No quiero vivir enfocándome en lo que me tienta, sino en la libertad que tengo en ti. Seguiré tus pasos y me enfocaré en ser transparente ante ti y ante las personas que tengo cerca. Confío tanto en ti que no quiero poner mis luchas como prioridad, más bien te pondré a ti en primer lugar. Gracias por tu libertad. En el nombre de Jesús. Amén.


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