lunes, 2 de mayo de 2011

¿Soy buena tierra para Jesús?


Y él dijo: a ustedes los he dado a conocer los misterios del reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. Lucas 8:10


El Señor Jesús dejó una parábola en los evangelios que hablaba acerca de un sembrador, unas semillas y diferentes circunstancias que impedían que esa semilla pudiera crecer y desarrollarse como debiera de ser.

La pregunta que hago en este momento es la siguiente, ¿Qué clase de terreno eres para Dios para que su semilla crezca? Puede ser que seamos una tierra árida para Dios o tal vez pudiéramos ser una tierra fértil según nos examinemos.

En la parábola del sembrador Jesús mencionó que con respecto a su palabra existen cuatro tipos de personas diferentes: ¿Cuál de esas personas eres tú?

Antes de examinarnos analicemos lo que la parábola contiene, la persona está basada en la calidad de la tierra en la que se encuentra.

  • La semilla es la palabra de Dios.
  • El sembrador es el que siembra la palabra.
  • La tierra es el corazón.
La primer semilla es aquella que se cayó en el camino, pero la semilla fue comida por las aves. Estas personas son aquellas que oyen la palabra y no la entienden. Entonces dice la Biblia en Mateo 13:19 que viene el diablo y quita la palabra. De esa manera evita que la persona crea y sea salva.

Muchas veces el diablo siembra cizaña entre las personas nuevas, quizás sean chismes lo que no deja que la persona avance en el camino, o quizás piensan que es fácil el camino.

El malo tiene un propósito: evitar que la gente crea y sea salva. (2 Corintios 4:3-4)

Todo el ataque que tiene el enemigo está centrado en la palabra, porque el enemigo sabe que:

  • Toda palabra que sale de la boca de Dios no regresa a El vacía.
  • Dice la palabra que la hierba se seca, la flor se marchita, mas la palabra de Dios permanece para siempre.
  • El cielo y la tierra pasarán, mas la palabra de Dios no pasará.
  • La Fe viene por el oír de la palabra.
  • Al escuchar la palabra, los que reciben al Señor llegan a ser hijos de Dios.
Una persona que se parece a esta tierra, debe de superar ciertos obstáculos en su vida, como lo son la incertidumbre, la confusión, y la duda.

La segunda semilla es aquella que se cayó en la piedras y por lo tanto la semilla se secó. Estas personas son las que creen por algún tiempo en la Palabra, pero cuando llega la prueba a su vida, se apartan del camino de Dios. Estas personas son las que como dicen algunos “tiran la toalla”, “bajan la guardia”, etc.

¿Por qué se seca la semilla? Quizás la semilla se secó por la falta de profundidad (Mateo 13:15) o tal vez porque careció de humedad (Lucas 8:6), la falta de raíces es lo que determinaría tal vez esa sequedad en la vida de estos tipos de personas (Lucas 8:13)

Estas personas son las que gustan del evangelio, pero cuando el evangelio les demanda algo, esta persona se aparta. Es el típico "Dame, dame, dame pero yo no te doy".

No debemos de olvidar que el evangelio es: promesa de Vida eterna, gozo y paz, canto y alabanza, comunión con Dios; sin embargo también es: obediencia y orden, entrega y disciplina.

Estas personas están destinadas a secarse al aceptar el evangelio sólo en las partes que les conviene. No podemos nosotros partir a la mitad la vida cristiana y aceptar solo lo que nos guste. El Evangelio es un todo compuesto de promesas y demandas que uno tiene que aceptar.

La tercer semilla es aquella que cae entre los espinos y por lo tanto la semilla es ahogada. Este tipo de personas son las que oyen la palabra, pero sin embargo hay cosas en su vida que impiden que la palabra crezca y se desarrolle como debiera de ser. Estas cosas crecen y crecen hasta llegar al punto en donde matan la Palabra en el corazón de la persona.

¿Qué es lo que impide que la semilla crezca? Lo que ahoga la palabra son los afanes, la riqueza, los placeres de la vida, y las codicias entre otras cosas.

Éstas son las personas que tienden a las cosas materiales, los afanes por el dinero, el trabajo los negocios y el deseo desmedido de tener y poseer. Esta semilla representa de igual manera a los cristianos que han sido seducidos por los placeres de la vida y “no pueden” dejar de hacer cosas que desagradan a Dios. Estas personas con inconstantes, nunca crecen, nunca tiene frutos, nunca persisten.

La vida se usa para otras cosas, menos para el Señor. Finalmente estas cosas ahogan la palabra y al final y al cabo no generan ningún provecho.  (Lucas 12:15)

La cuarta semilla es la semilla que cayó en buena tierra, y esto hace que la semilla crezca y lleve frutos. Estas personas son las que oyen la palabra y perseveran en ella, son las que vienen con todo para generar provecho.

Son los que oyen la palabra y la reciben, la entienden y la retienen. La tierra fértil es un buen corazón. Es el único que lleva fruto.

¿Cómo podemos distinguir a estas personas? Muy fácil, en ellos la gracia no es vana, da fruto de acuerdo a lo que recibe, éstos son los que perseveran.

Ahora la pregunta es: ¿Qué fue lo que hizo Jesús por mi? Seguramente responderías TODO, correcto. Entonces ¿qué estás haciendo tu por El?


Punto de reflexión:

¿Eres una tierra fértil?
¿Generas un buen fruto?

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