jueves, 16 de agosto de 2012

Toda cosecha lleva su siembra


No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra. El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna. No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe. (Gálatas 6:7-10)

Es tan común hablar de siembra y cosecha, es un tema tan hablado entre cristianos, pero qué poco es puesto en práctica.

El otro día, estudiando el libro de Éxodo, me di cuenta que el pueblo de Israel, no sembraba y cosechaba para vivir. Ellos simplemente pedían a Dios y Dios les daba. Maná del cielo caía constantemente, y ellos no tenían que hacer ningún esfuerzo.

A esto lo denomino: Etapa turista. ¿Por qué? No sé si te has dado cuenta, que cuando visitas otra ciudad u otro país, te atienden de forma especial. Eres el invitado, el agasajado, el visitante. Por eso, el pueblo de Israel, estaba en etapa turista. Dios no los dejaría ahí toda su vida, Él les proveía hasta que llegaran a la tierra prometida. Allí, comenzaría la “Etapa Soldado”.

¿Etapa soldado? Sí, Dios les había ordenado que tendrían que echar a la gente de esa tierra, cosechar, sembrar, construir sus casas, poblar la tierra. Desde ese entonces, si ellos cosechaban bien, sobrevivirían, si cosechaban mal, les iría mal.

Y hoy en día es igual, el resto de la Biblia habla de sembrar y cosechar no sólo alimentos, sino actitudes, no sólo dinero, sino acciones. Muchas veces nos quejamos por lo que nos sucede en la vida, sin darnos cuenta que eso en realidad es lo que estamos sembrando.

Nosotros en algunas situaciones de nuestra vida seremos tierra, y en otras sembradores.

Cuando seamos tierra, habrá gente que sembrará en nosotros odio, pelea, críticas y es decisión nuestra qué tipo de tierra seremos. Si elegimos ser buena tierra para esas semillas, estaremos logrando que luego, nuestros frutos, sean de odio, pelea, críticas. Responderemos mal por mal y eso no es lo que nos manda la Biblia. Cuando la semilla que quieren plantarte es mala, no la germines. Deja que Dios se encargue de sacarlas de tu terreno. Si la semilla es buena, la harás prosperar y darás frutos de amor.

Cuando seamos sembradores, tenemos que procurar sembrar siempre frutos de paz, de amor, de alegría, dignos de todo hijo de Dios. Si sembramos mentiras, chismes y engaños, cuando coseches, eso se volverá en tu contra. En cambio, si lo que estamos sembrando en la vida de los demás es ayuda económica, abrazos, sonrisas, nuestra cosecha será agradable y llena de paz.

La Biblia habla de dos tipos de frutos:

Frutos de la carne: “Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje;  idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” (Gálatas 5:19-21)

Si en tu vida estás con una adicción, con un vicio, con muchos chismes que te han rodeado, no es porque sí. Es porque en algún momento, tú has alimentado esa semilla en tu corazón. Debes de dejar que Dios arranque de raíz esos frutos malos, porque sólo te traerán destrucción.

Frutos del espíritu:En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.” (Gálatas 5:22-23)

Si sientes que eres bendecido, que estás viviendo el mejor tiempo de tu vida, ¡Felicidades! Es porque has sabido sembrar bien. Pero...¿Qué pasa cuando siembro bien, y no cosecho nada?

En el versículo del comienzo del devocional, es claro: “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.” La siembra, lleva su tiempo. No siempre cuando ayudes a alguien, recibirás ayuda de alguien más. No siempre que des amor, recibirás amor. Porque todo tiene su tiempo.

Siembra tu semilla en la mañana, y no te des reposo por la tarde, pues nunca sabes cuál siembra saldrá mejor, si ésta o aquélla, o si ambas serán igual de buenas.” (Eclesiastés 11:6) Debemos mantener la alegría mientras esperamos la cosecha. Esto no es “un día siembro amor, luego sigo pecando, total como ya sembré amor, recibiré amor”, No... La fe es constante, tu siembra debe de ser cuidada.

La tierra da fruto por sí sola; primero el tallo, luego la espiga, y después el grano lleno en la espiga.” (Marcos 4:28) Primero crecerá un pequeño tallo, luego con el tiempo la espiga, y recién allí el grano que dará su fruto aparecerá. Sé paciente y riega tu siembra con oración.

Si tú no siembras nada, no cosecharás nada. Hay cristianos quienes oran, profetizan, ruegan, suplican, exigen y resisten al diablo para obtener una cosecha; pero no hay cosechas sorpresa en el reino espiritual: Si no has sembrado ni siquiera una semilla, nada cosecharás.

¿Cuál está siendo tu siembra? ¿Qué estás cosechando? Toma una decisión hoy: SEMBRAR EN CRISTO. Y cuando coseches, te sorprenderás por la abundancia que Dios te dará. Dios te bendiga.


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