martes, 14 de agosto de 2012

¿Qué pesa más?


“Amen a sus enemigos; hagan bien a los que los aborrecen; bendigan a los que los maldicen; oren por los que los insultan.” (Lucas 6:27-28)

Hay que ser honestos, lo que dice el texto anterior, cuesta mucho. Pero la razón por la que nos cuesta tanto, es porque no hemos querido dejar por completo la altivez y la soberbia de nuestro corazón.

La altivez y la soberbia, son dos aspectos que en nuestra vida corrompen todo nuestro andar. Muchas veces creemos que nuestra relación con Dios ya está por los cielos, pero el gran problema es que hemos puesto a otra persona pecadora, como nosotros, para compararnos. ¿Qué tal si ponemos a nuestro Señor Jesús y medimos a ver qué tan santos somos? Las cosas definitivamente cambian.

Me podrás decir: “Jesús es Dios, por ende es perfecto y nosotros somos humanos e imperfectos”. Sí, lo que dices es verdad. Pero si pesa más tu humanidad, que Dios en tu vida, debes revisar tu comunión con Dios.

¿Por qué he tocado la comunión con Dios? ¿Qué tiene que ver con el texto anterior? Vamos a otros textos bíblicos, cuando habla del fruto del espíritu y del fruto de la carne.

 Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. Porque ésta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren.  Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley. Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje;  idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad,  humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.  Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos. Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu. No dejemos que la vanidad nos lleve a irritarnos y a envidiarnos unos a otros”. (Gálatas 5:16-26)

Es clara la razón por la que te he tocado la comunión con Dios. Es que la comunión con Dios, para un hijo de Dios, lo es todo. Entendamos que las doctrinas humanas no glorifican a Dios porque quieren hacer que sigamos esquemas de humanos para adorar a Dios y eso la Biblia no lo enseña. Un verdadero hijo de Dios, debe vivir conforme a la Biblia, no conforme a lo que un hombre enseña. Cuando anteponemos palabras de hombres, a la Biblia, es cuando inician pleitos y divisiones.

Es momento de vivir como Dios manda, de adorarle, exaltarle y darle la gloria por todo lo que Él hace en nuestra vida. Nosotros, por nuestra cuenta, no hemos podido lograr nada, ha sido Dios en Su soberana voluntad que lo ha decidido. Ya no tengamos un concepto mayor de nosotros, de lo que realmente somos, dice el Proverbio. Para tener una verdadera adoración y poder lograr hacer lo que el texto dice, debemos tener una comunión constante con nuestro Dios. La lectura bíblica es el camino a la verdadera adoración, porque la Biblia se estudia, se cree y se vive. Dios te bendiga.

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