martes, 12 de junio de 2012

Postrados ante Dios


Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio. (Salmo 51:1-4)

El arrepentimiento de nuestros corazones, debe ser delante de Dios y sólo delante Dios. Nuestra comunión en lo personal con Dios, se mostrará en lo público. Lo que hablamos con Dios en lo secreto, mostramos a Dios en lo público.

Nuestra comunión con Dios debe de ser constante. Este día quiero referirme, especialmente, a que nuestra oración debe de ser sinónimo de arrepentimiento delante de Dios.

Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señor” (Hechos 3:19)

Nuestro arrepentimiento debe de ser fruto de cambio. Si seguimos actuando exactamente como antes, no nos hemos arrepentido de nuestros pecados. Nuestro comportamiento debe de dar frutos dignos de arrepentimiento.

Si nosotros queremos cambiar nuestro comportamiento, debemos cambiar lo que creemos. Mientras no cambiemos lo que creemos, seguiremos actuando de la misma manera de siempre. El arrepentimiento delante de Dios crea un amor hacía Él por el perdón de tus pecados. Pero, si no te arrepientes, sinceramente, delante de Dios tus actos y pensamientos siguen igual.

Es momento de dejar el activismo religioso de lado y tener una comunión honesta con Dios. El ir a la iglesia a sentarnos todos los días de la semana, no crea arrepentimiento. Cargar una Biblia bajo el brazo, no crea arrepentimiento. Estar escuchando alabanzas, no crea arrepentimiento. Estar escuchando predicaciones todo el día, no crea arrepentimiento. El arrepentimiento se presenta delante de Dios en oración, cuando nosotros, en nuestra intimidad con Él, nos humillamos, confesamos todos nuestros pecados, nos rendimos a Él y mantenemos la lucha diaria de vivir en santidad.

Humillados delante de Dios es como debemos estar, todos los días. Es verdad, la lucha es dura, la lucha es ardua. Pero si luchamos en las fuerzas de Dios, Él nos ayudará a triunfar. Jesús es el vencedor, Jesús es Dios. Dios se deleita en su hijo; si Dios se deleita es Su hijo, nosotros debemos de ir de la mano de Jesús.

Si no oramos, no leemos la Biblia, nuestra comunión con Dios es nula, lo cierto de todo es que podemos se cualquier cosa menos cristianos. Sé que mis palabras se leen duras pero la Biblia dice en Juan 14:15 “Si me amáis, guardad mis mandamientos” Todos, son todos.

Cuando clamo, respóndeme, oh Dios de mi justicia. En la angustia me has aliviado; ten piedad de mí, escucha mi oración.” (Salmos 4:1)

¿Quién puede discernir sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos.” (Salmos 19:12)

Pero yo elevo a ti mi oración, oh SEÑOR, en tiempo propicio; oh Dios, en la grandeza de tu misericordia, respóndeme con tu verdad salvadora.” (Salmos 69:13)

Nuestra oración debe ir acorde a la palabra de Dios. Nuestra oración debe ir acorde a la voluntad de Dios, ¿Cómo sé si es la voluntad de Dios lo que oro? Lee la Biblia y lo sabrás. “Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos.” (Salmos 119:124)

Siempre recuerda que la Biblia se estudia, se cree y se vive. Dios te bendiga.


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