viernes, 10 de febrero de 2012

Para Dios, todo


Estaba Herodes fuertemente irritado con los de Tiro y Sidón. Estos, de común acuerdo, se le presentaron y habiéndose ganado a Blasto, camarlengo del rey, solicitaban hacer las paces, pues su país se abastecía del país del rey.
 El día señalado, Herodes, regiamente vestido y sentado en la tribuna, les arengaba.  Entonces el pueblo se puso a aclamarle: “¡Es un dios el que habla, no un hombre!” Pero inmediatamente le hirió el Ángel del Señor porque no había dado la gloria a Dios; y convertido en pasto de gusanos, expiró. (Hechos 12:20-23)

“Vamos, no pasa nada”. “Una vez que lo hagas, no pasa nada malo”. “Tu pastor no te está viendo”.

Hemos escuchado tantas veces esas frases, que si cada vez que nos la dicen nos dieran dinero, seríamos ricos.

Es verdad que Herodes no tenía temor de Dios, pero nosotros sí lo tenemos. Es eso a lo que yo me quiero referir. A Herodes cualquiera puede decirle que no pasa nada malo porque no tenía temor de Dios y por eso le pasó todo eso. Pero, nosotros contamos con la gracia de Dios, así que hacemos cualquier cosa y luego pedimos perdón.

Con Dios nadie juega. Sí, es verdad puedes hacer todo lo que quieras, eso nadie lo niega. Pero, es ahí donde debes preguntarte si realmente conoces a Dios o no. Porque si lo conoces, siempre lucharás por vivir para Su gloria. Si no lo conoces disfrutarás todo lo que haces sin temor de nada.

A Dios nada, ni nadie, puede quitarle la gloria. Por mucho que las personas quieran decir que no pasa nada, el caso de Herodes es muy claro. La palabra de Dios es muy clara cuando dice algo.

Es verdad que hay muchas personas que dicen ser hijos de Dios y no viven para la gloria de Dios. Ellos de cierto, dice Jesús, ya tienen su recompensa. Nosotros tenemos que dejar de fijarnos en el testimonio de las personas para vivir para Dios. No es que no nos importen, sí deben importarnos, pero para ayudarles, levantarlos y guiarlos. Eso es vivir para la gloria de Dios. Vivir para la gloria de Dios es que tú tengas tu mirada puesta en el testimonio de nuestro Señor Jesucristo. Eso lo vas a lograr leyendo su palabra, orando y viviendo más en comunión todos los días.

A Dios, por más que quieran, no pueden quitarle Su gloria. Dios no comparte Su gloria con nadie. Es por ello que si hemos estado actuando erradamente, es momento de humillarnos delante de Dios, arrepentirnos, pedir perdón, apartarnos del pecado y así alcanzaremos misericordia.

Recuerda que la Biblia hay que leerla, creerla y vivirla.


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