miércoles, 22 de febrero de 2012

¿A dónde estamos llevando a Dios?


“Muchas cosas en el mundo hacen que la gente desobedezca a Dios, y no hay manera de evitarlo. Pero ¡qué mal le irá a quien haga que otro desobedezca a Dios! Si lo que haces con tu mano o con tu pie te hace desobedecer a Dios, mejor córtatelos y tíralos bien lejos. Es mejor vivir para siempre sin una mano o sin un pie, que ir al infierno con las dos manos y los dos pies. Si lo que ves con tu ojo te hace desobedecer a Dios, mejor sácatelo y tíralo lejos. Es mejor vivir para siempre con un solo ojo, que ser echado al infierno con los dos”. Mateo 18:7-9

Caminar con Dios requiere que nos movamos según Su dirección

En este último tiempo me he encontrado muchas veces analizando las cosas de este mundo. (Todo el libro “Eclesiastés” trata sobre un análisis de la vida en este mundo según el “Predicador”). Pero no he ido muy profundo, solamente miraba a mi alrededor. Y me doy cuenta en Mateo, que Jesús tenía mucha razón en cuanto dijo: Muchas cosas en el mundo hacen que la gente desobedezca a Dios, y no hay manera de evitarlo.

Es inevitable que salgas a la calle y te encuentres con tentaciones, no hablo de tentaciones grandes, hablo de los detalles que nos hacen desobedecer a Dios. Hablar mal de alguien, vivir quejándonos, ser malagradecidos, usar malas palabras, negar a Dios cuando nos pregunta alguien del mundo “¿Eres Cristiano?” y tú con pena diciendo “Ah…em…Sí, soy cristiano”.

Es cierto que Dios nos dio dos ojos, pero no podemos cerrar un ojo mientras alabamos y con el otro miramos a la hermana de al lado, que si se ve bonita o si tiene algún defecto. Es cierto que Dios nos dio dos manos, pero no podemos levantar una mano en adoración y con la otra estar tocando drogas o alcohol. Es cierto que Dios nos dio dos oídos, pero no podemos estar con uno escuchando Palabra y prestando el otro para escuchar chismes. Es cierto que Dios nos dio dos pies, pero no podemos hacer que uno vaya en Su camino y el otro en el mundo. ¡Ya no! ¡Fuimos llamados a vivir en Santidad!

¿A dónde estás llevando a Dios? “Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas”. (Josué 1:9) Bien se nos dice: Dondequiera que vayas. ¿A dónde estás llevando a Dios? ¿Fiestas o a lugares que no le agradan o con amistades que se burlan de Él? En la intimidad, ¿A dónde lo estamos llevando? A estar todo el día frente a un televisor viendo fútbol y chismes de famosos o a la computadora, cuando fuera de todo el mundo virtual hay gente que aún no Lo conoce.

Jóvenes y no tan jóvenes que pasan horas y horas en las redes sociales, pero que de 65 publicaciones que hacen sólo 2 hablan de Dios. Si Dios pudiera darle LIKE a tus cosas en Facebook, ¿Recibirías muchos LIKE o lo decepcionarías? Si Dios pudiera darte RETWEET en tu Twitter, ¿Lo haría o diría que NO te conoce?

Mis hermanos, no digo que esté mal usar una computadora o pasar tiempo con amistades, pero te pregunto: ¿Estás llevando a Dios allí? O ¿Lo has dejado en un cajón escondido? Hemos sido llamados a vivir en Santidad. Somos hijos del Rey, hijas del Gran Yo Soy, príncipes y princesas, niñas de sus ojos, herederos de Su Reino, pero ¿estamos viviendo como tales?

Caminar con Dios requiere que nos movamos en Su dirección. Hay cristianos realmente confundidos, que creen que pueden hacer a Dios a su imagen y semejanza cuando es Dios quien los ha hecho a Su imagen y semejanza. Nosotros no creamos a Dios, Él nos creó a nosotros. Debemos dejar que Él nos guíe y seguir Su dirección. Esa es la mejor dirección que podemos tomar jamás.

No será fácil el camino que lleva a la vida eterna, escrito está. Pero quien va por el camino angosto, quien atraviesa la puerta estrecha, quien camina con valentía llevando a Dios a donde vaya, quien brilla porque Cristo está dentro suyo, quien no teme a las adversidades porque cuenta con un Gran Dios, quien cuenta más sus bendiciones que sus problemas: ESE HERMANO, ESA HERMANA, vivirá en la eterna Gloria de Dios. Verá a Cristo cara a cara.

Seamos valientes, Dios va con nosotros donde quiera que vayamos. Ya no permitamos que las cosas externas de nuestra vida contristen nuestro espíritu. Venzamos cualquier oposición en el nombre de Jesús y fijemos nuestra mirada sólo en Él. Pidámosle perdón al Padre si hemos cometido errores, pero ya no sirvamos a dos señores. Sólo Dios hace al hombre feliz.



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