martes, 20 de noviembre de 2012

Nunca te olvides


La misericordia y la verdad nunca se aparten de ti; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón”. (Proverbios 3:3)

Paso a paso vamos creciendo en la vida. Desde el momento en que somos gestados en el vientre de nuestra madre, iniciamos a crecer y a desarrollarnos. Ya cuando nuestra mamá por primera vez nos tiene en sus brazos y lloramos, todo cambia. Desde ese punto, iniciamos a crecer ya a vista de todos.

Sin embargo, llega un punto de nuestra vida cuando ya nos empezamos a valer por nosotros mismos que se nos olvida que Dios a lo que nos llama es a humildad y ser sencillos. Dios hará, gracias a su misericordia, que crezcamos como personas y alcancemos nuestras metas cuando ya somos adultos.

De igual manera, en el transcurso de nuestra juventud lograremos varios triunfos. Es decir, nos vamos a graduar de educación media y culminaremos nuestra carrera universitaria. Pero nunca debemos olvidar que todo lo que hemos logrado es gracias a la misericordia inmerecida de nuestro Dios.

Lamentablemente, hay puntos en nuestra vida que se nos olvida de dónde nos ha sacado Dios. Se nos olvida que sin Él no seríamos absolutamente nada. Creemos que porque nosotros sí hemos logrado algo en la vida, tenemos el derecho de creernos más que otros.

Hijo mío, guarda mis palabras, y atesora mis mandamientos contigo”. (Proverbios 7:1)

Ahora bien, abordar el tema ministerial, es un tema que hasta cierto punto se torna áspero, ya que se nos olvida que Dios nos llama a ser humildes. En la Biblia leemos la palabra “humildes” muchísimas veces, pero es una de las palabras que más olvidamos.

Uno de los mayores problemas es que nos comenzamos a creer sabios, inteligentes y que todo lo podemos, porque nos han dado un nombramiento. Cuando lo que Dios quiere es que la sabiduría y la gloria se la demos únicamente a Él.

“No seas sabio a tus propios ojos, teme al Señor y apártate del mal”. (Proverbios 3:7) Ya debemos dejar eso de creernos buenos sólo porque vamos a la iglesia o porque tenemos más responsabilidades que otro. La verdad es una y el único bueno, justo y perfecto es Dios.

La altivez y la soberbia sólo llevan a crear pleitos. Pero hay aún algo más recalcitrante que no debe olvidarse y es que la soberbia y la altivez son fruto de la carne, no del espíritu.

Que nunca se nos olvide que por lo único que estamos, donde estamos, es sólo por la gracia y misericordia inmerecida departe de nuestro Dios. Que nunca se nos olvide que sin Él no somos nada y únicamente Él se merece toda la gloria en nuestra vida.   



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