sábado, 17 de noviembre de 2012

¡No permitas la división!








Yo, hermanos, no pude dirigirme a ustedes como espirituales sino como a inmaduros, apenas niños en Cristo. Les di leche porque no podían asimilar alimento sólido, ni pueden todavía, pues aún son inmaduros. Mientras haya entre ustedes celos y contiendas. (1 Corintios 3:1-3)

Los cristianos de corintos, volvieron al estado carnal, o natural en que estaban antes de haber nacido de nuevo, entre ellos había celos, disensiones y contiendas. 

Esto impedía el crecimiento espiritual a tal manera que no podían entender lo que el apóstol Pablo quería enseñarles.

El enemigo ha enviado el mismo espíritu de disensión entre los cristianos hoy en día. Porque sabe que una casa dividida contra sí misma caerá. El diablo también sabe que si todos nos juntamos en la unidad de nuestra fe como hijos de Dios, llegaremos a la estatura de la plenitud de Cristo Jesús. “Así seremos un grupo muy unido y llegaremos a tener todo lo que nos falta; seremos perfectos, como lo es Cristo, por conocer al Hijo de Dios y por confiar en él.  (Efesios 4:13)

Por ese motivo él ha asignado a un espíritu de disensión para que opere en nuestras vidas personales, en nuestra vida social y en nuestra vida familiar. Su meta es igual a la que tuvo en Corinto: Provocar  celos, contiendas, disensiones e impedir nuestro el crecimiento espiritual.

Nosotros no debemos ceder a ese espíritu, al contrario, nos dice Pablo: “Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo” (Efesios 4:15)

Es muy diferente “Vivir la verdad con amor” a “Celos, contiendas y disensiones”. Totalmente opuestos, ¿O no es así? Tú no puedes hacer ambos a la vez. A medida que vivas la verdad en amor, tu crecerás.

Mientras tienes envidia, te preocupas y te separas de los demás, tú debes de volver a la infancia. 

No permitas que Satanás detenga tu crecimiento espiritual al ceder al espíritu de disensión o división, sino habla la verdad en amor y “¡Crece en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo!




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