miércoles, 7 de noviembre de 2012

No bajes las manos, la batalla aún no ha terminado



Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim. Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada. (Éxodo 17:8-13)
                   
Creo que todos hemos tenido más de alguna vez que pelear una batalla que consideramos que es parte importante de la historia de nuestra vida. Esas batallas que te roban el aliento, que has llegado al límite de la situación, aquellas batallas en las cuales lo único, que es seguro, son unas lágrimas en la noche antes de dormir. Es más, aquellas batallas en las que crees que no saldrás vivo de ellas, es decir que te vuelves insensible a la realidad y mucho más, insensible a la voz de Dios.

Quiero que juntos aprendamos de un hombre que tuvo la batalla  de su vida. El hombre de quien te hablo, es Moisés. Cuando el pueblo de Israel libró  la  batalla contra Amalec uno de sus enemigos, Moisés tuvo una misión clave en esta batalla. Esto era que, cuando Moisés alzaba sus manos, prevalecía Israel, mas cuando Moisés bajaba sus manos, Amalec prevalecía.

Nunca debes bajar tus manos ante una batalla, siempre tienes que pelear hasta que tus fuerzas no puedan más, y ahí cuando tus manos están a punto de caer es entonces cuando entra la bendita y poderosa mano de Dios.

Llegó un momento en el cual Moisés ya no podía más, imagínate la cantidad de tiempo que Moisés tuvo que pasar con sus manos alzadas, mas él mientras estaba dentro de sus fuerzas luchó, y luchó por no bajar sus manos. Hasta que ya no pudo más y tomaron una piedra, la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella, y llegaron Aarón y Hur a sostener sus manos.

Moisés se sentó en esa piedra en la cual descansó. Ahora te pregunto, ¿Dónde estas descansando? ¿Cuál es esa piedra en la que has decidido permanecer? Moisés nunca pensó en irse de la cumbre del collado donde se encontraba. No, al contrario, puso una piedra en la que descansó sus fuerzas cuando ya no podía. Nunca pienses que huir de la batalla es la mejor opción, lo que debes hacer es buscar esa piedra en la que descansarás, para seguir luchando.

Esa piedra significa: Agarrarte de la mano de nuestro Dios. Cuando sientas que tus fuerzas ya no dan más, y quieras bajar tus manos, recuerda que ahí está nuestro Dios. Él es la roca firme en la que puedes descansar, pero tú lo tienes que buscar.

Cuando estés en esa batalla épica de tu vida, ¡CLAMA A DIOS con todas tus fuerzas! Él es el único Todopoderoso capaz de sostener tus manos. Recuerda que cuando bajas tus manos pierdes la batalla, mas cuando las mantienes alzadas, Dios te da la VICTORIA. No desfallezcas, aunque sientas que no puedes más, pues entre más oscura está la noche, más cerca está el amanecer.


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