jueves, 4 de abril de 2013

Nueva vida









“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos” (Efesios 4:22)

Sabemos que como seres humanos tenemos hábitos y costumbres que vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida.

Estos hábitos y costumbres son diferentes en cada persona, algunos pueden tener hábitos buenos y otros han adquirido hábitos malos. Todo esto depende de la vida que hemos llevado y las circunstancias por las que nos ha tocado pasar.

Cuando nosotros llevamos una vida sin Cristo lo más probable es que todas las cosas que nosotros aprendamos sean malas, por lo tanto tendremos costumbre que son perjudiciales a nuestra vida.

Pero mientras vivimos esa vida alejados de Dios, muchas veces no nos damos cuenta que en realidad nuestras acciones son males, en otras ocasiones si conocemos que están mal pero como no existe un temor hacia Dios no le tomamos mucha importancia y las seguimos practicando.

Y vemos que nuestra vida en repetidas ocasiones está llena de fracasos y de metas no cumplidas, pero nos hemos acostumbrado tanto a eso que no hacemos un esfuerzo por salir del hoyo en el que nos encontramos y seguimos cometiendo los mismos errores y practicando los mismos malos hábitos y costumbres.

Pero cuando dejamos que la misericordia de Dios actué en nosotros, su Espíritu nos revela todas esas cosa que habíamos venido haciendo, que solamente eran perjudiciales para nuestra vida. 

En este momento tenemos una visión más clara de nuestros malos actos, y sabemos que hay ciertas aéreas de nuestra vida que debemos de mejorar para ser agradables ante los ojos de Dios. Cuando le abrimos las puertas de nuestro corazón a Dios, Él nos dio un nuevo comienzo y esa es una de las infinitas promesas que Dios tiene para sus hijos.

Dios quiere que como sus hijos reflejemos ese nuevo comienzo que nos ha regalado, Él quiere que nuestra vida sea diferente que las personas puedan ver ese cambio que solo su Espíritu puede lograr en las personas.

Pero esta maravilla no la vamos  a poder alcanzar si de nuestro interior no nace la voluntad por dejar que sea Dios quien controle nuestra vida.

“De modo que si alguno esta en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17)

Si nosotros verdaderamente nos hemos convertido a Dios, si en verdad nosotros hemos hecho realidad que Dios es nuestro Señor y Salvador. Nuestra vida de ahora tiene que ser completamente distinta a la que teníamos antes de conocer a Cristo.

Hoy en día hay un problema grande en nosotros como cristianos, queremos vivir nuestra vida de “hijos de Dios” de la misma forma que vivíamos antes.

Realizando las mismas malas costumbres, practicando los mismos malos hábitos que lo único que ocasionan es que las personas hablen de nosotros, pero más que hablen de nosotros estamos permitiendo que hablen de Dios.

Cuando todo esto pasa en nuestra vida es porque realmente no nos hemos entregado a Dios, no existe en nosotros un compromiso de fidelidad hacia Él.

Creemos que por ir a la iglesia y haber confesado que Jesús es nuestro Señor, eso es más que suficiente y que con eso nosotros hemos sido limpios de nuestros pecados y Dios nos ha regalado salvación.

Pero a la luz de su palabra nos damos cuenta que si nuestra conversión ha sido genuina tiene que haber en nosotros un cambio de lo viejo a lo nuevo.

Por lo tanto no podemos pretender que somos hijos de Dios dando un mal testimonio. Dios quiere que en nosotros haya un propósito y voluntad por dejar nuestra vieja forma de vivir por esa nueva vida que Él nos quiere regalar a través de la sangre de Jesús.

Pero todo este cambio depende únicamente de nosotros, depende del compromiso que nosotros hayamos adquirido con Dios.

“haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:8)

Como hijos de Dios debemos dar esos frutos de arrepentimiento. ¿Qué implica esta acción?

Que como conocedores de lo que le agrada y lo que no le agrada a Dios, vamos a evaluar nuestra vida y con la guía de Dios lograremos visualizar cuales son todas aquellas cosas que en nuestra vida deben ser cambiadas y que aspectos son los que tenemos que mejorar.

Jesús lo hizo todo por nosotros al dar su vida en una cruz y así darnos la vida eterna, ahora nos toca dar a nosotros un poco de todo lo que Él nos ha dado.

Luchemos contra todas esas asechanzas que el enemigo quiere poner en nuestro camino, para que no sigamos caminando junto con Cristo.

Dejemos que sea su Espíritu Santo el que reine en nuestras vidas, que tome control de nosotros para que con su ayuda podamos cambiar todo eso que no le agrada a Dios y que nos impide tener una bueno comunión con Él.



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