domingo, 2 de septiembre de 2012

El veneno del alma


Luego le dijo a Tomás: “Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino hombre de fe.” “-¡Señor mío y Dios mío!- exclamó Tomás. (Juan 20:27-28)

Hoy con este devocional, quiero ser lo más sincera y directa posible.

En la historia del versículo citado al principio, contaba que Jesús estaba junto a sus discípulos luego de haber resucitado. Lo estaban viendo con sus propios ojos, y aún así, Tomás no lo podía creer. No creía que Jesús, quien había muerto, estuviera frente a él. Y las palabras de Jesús fueron: “No seas incrédulo, sino hombre de fe.

¿Cuántas veces somos incrédulos, en vez de hombres de fe? ¿Cuántas veces negamos a Jesús con nuestros pensamientos y nuestros actos? ¿Cuántas veces hemos pensado que Jesús está lejos de nosotros, muerto, y no frente a nuestros ojos dispuesto a ayudarnos?

Son incontables las veces que dudamos del poder de Cristo. Si Tomás lo veía con sus propios ojos, y le costaba creer, cuánto más nos costará a nosotros creerle si no lo vemos. Pero el mismo hijo de Dios advirtió: “Porque me has visto, has creído -le dijo Jesús-; dichosos los que no han visto y sin embargo creen.” (Juan 20:29)

¡Dichosos! Eso somos. Somos bendecidos los que andamos por fe y no por vista. Somos bendecidos los que confiamos en Dios en medio de las tormentas. Somos dichosos de tener a un Dios increíble de nuestro lado. Ya no seamos hipócritas.

Toda la Biblia demuestra cuánto Dios aborrece la hipocresía. Todos sus castigos hacia el pueblo de Israel fueron porque “de labios le honraban, pero su corazón estaba lejos de Él…”. “Profesan conocer a Dios, pero con sus acciones lo niegan; son abominables, desobedientes e incapaces de hacer nada bueno.” (Tito 1:16) ¿Te sientes identificado? Yo sí. Porque dudar de Él, significa una lejanía en nuestra relación con Él. Todos dudamos.

Si eres una nueva criatura en Cristo, ya no tienes que tener actitudes de incrédulo. “No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad? ¿Qué armonía tiene Cristo con el diablo? ¿Qué tiene en común un creyente con un incrédulo?” (2 Corintios 6:14-15)

Y no quiero que se malentienda este versículo. “Yunta” es de yugo, refiriéndose a un par de bueyes que trabajan unidos. Entonces: No vivas unido a la incredulidad. Formar yunta con los incrédulos, es vivir como ellos. Vivir como vivías antes. Eso ya cambió hermano, hermana, es necesario que tus frutos demuestren el hombre y la mujer de fe que eres hoy.

Muchas veces, nos apartamos de Dios porque nos critican, porque nos traicionan hermanos de la misma congregación, porque nuestra familia se burla de nuestra fe. ¿Pero sabes qué? La Biblia te manda esto: “Pero si alguien sufre por ser cristiano, que no se avergüence, sino que alabe a Dios por llevar el nombre de Cristo.” (1 Pedro 4:16) Llevas el nombre de Cristo, CRISTiano. Vive creyendo en Él y creyéndole a Él. Esa vida es la agradable a Sus ojos.

Pon atención a este último versículo y anótalo en algún lugar para recordarlo: “Cuídense, hermanos, de que ninguno de ustedes tenga un corazón pecaminoso e incrédulo que los haga apartarse del Dios vivo.” (Hebreos 3:12) Dudar de Dios, lo único que hará, poco a poco, es apartarte de Dios.

La incredulidad es el peor veneno del alma y lo he aprendido en estos últimos meces de mi vida. Si no le creemos a Dios, Él no actúa. No porque no tenga el poder, sino porque Él obra si tu fe persevera.


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