miércoles, 14 de marzo de 2012

¡Levanta tus manos y alaba!


“Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar”. (Habacuc 3:17-19)

¿Quién no tiene problemas?, ¿Quién no ha pasado o pasará por dificultades de la vida?, ¿Cuántas veces se repetirán en la vida? Humanamente no podemos hacer nada para que no vengan, para que no aparezcan o estén ahí.

Y es que ¿Quién no se abate o aflige por los problemas de la vida? Pero en medio de todo eso, Dios me ha permitido comprender que toda aflicción de espíritu es disipada delante del Señor.

No hay nada más delicioso en lo espiritual que sentir el abrazo de tu Padre, el rendirte delante de su presencia y permitir que Él te ministre como lo quiera hacer. En esos momentos no es necesario decir nada, Dios lo conoce todo, sólo calla, cierra tus ojos y levanta tus manos. Dios que conoce tu necesidad comenzará a ministrarte y a renovar tus fuerzas.

Levantar las manos es símbolo de rendición, es como que tú le dijeras al Señor: “Dios mío, me rindo, no puedo más, pero tú en mí sí puedes”.

Sí, es cierto, tu problema es muy grande, es inmenso, lo ves gigantesco, pero ese mismo problema grandísimo que tú ves con tus ojos, para Dios es algo simple de solucionar, “¿Por qué entonces no lo soluciona?”, podría ser tu pregunta; porque es necesario que pasemos por situaciones como esas para moldear nuestro carácter, para moldear nuestra dependencia de Dios, para fortalecer nuestra fe y hacernos crecer espiritualmente.

Algo tienes que tener claro, y es que nunca vendrá algo a tu vida que no puedas soportar, porque TODO lo puedes en Cristo que te fortalece y con Él eres más que VENCEDOR, o ¿Acaso se te ha olvidado?

Hoy te invito a que en el lugar donde estás, a solas con Dios, puedas cerrar tus ojos, callar y levantar tus manos en una actitud de rendición delante de Él, no hables, sólo permite que Dios ministre tu vida y te fortalezca, Él pondrá en tu corazón las Palabras que necesitas y la convicción necesaria para comprender que estas a punto de salir de esa situación.

DIOS ESTA ALLÍ, SIEMPRE HA ESTADO ALLÍ, LO ÚNICO QUE NECESITAS ES RENDIRTE COMPLETAMENTE A ÉL.


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