martes, 30 de agosto de 2011

Adoración pura



Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, a Dios lo que es de Dios. Se maravillaron de él. Marcos 12:17


En el momento que Jesús dijo esto, me imagino que creó conmoción en medio de sus seguidores y de sus detractores. Pero, lo que quiero resaltar es que a ambos lados Jesús tocó sus corazones. Las palabras de nuestro Señor eran como miel. Esas palabras tan dulces, pero certeras, creaban que las personas se pusieran a pensar ¿Quién en verdad era ese que se decía ser el hijo de Dios?


Jesús en su más grande amor fue honesto. Jesús sabía que debían pagarse los impuestos. Jesús sabía que se debían cumplir con las leyes. Jesús siempre mostró honestidad.


Es verdad que es difícil ser honesto, pero debemos intentarlo todos los días. No hay mentira blanca, negra, roja o del color que quieras, mentira es mentira. Mentir es pecado. La verdad es lo único que no necesita defensa, la verdad se sostiene por sí misma. Es por ello que nuestro Dios ha prevalecido y seguirá prevaleciendo sobre toda corriente de pensamiento; porque Dios es el mismo de ayer, y de hoy, y de siempre.


Tenemos un Dios increíble, tenemos un Dios que nos ama de una forma incomprensible para los que no le conocen. Pero, volviendo al texto, nos damos cuenta que Jesús fue claro y sencillo en sus palabras. Con ese ejemplo quiero este día ponerte a pensar en un punto de nuestra vida.


Tú que eres líder, padre de familia, predicador, pastor o jefe te quiero preguntar ¿Reconoces el esfuerzo de las personas que están a tu cargo? O ¿Solo estás para llamarles la atención? Jesús estuvo en ambos, no sólo en uno. Jesús fue amoroso en sus palabras, pero muy directo. Claro, nosotros no somos Jesús, obviamente. Nosotros somos seres humanos imperfectos, que todos los días luchamos por agradar más a nuestro Dios. Pero, ¿Estás reconociendo todo lo bueno que las personas hacen?


Si no lo has hecho, es momento que les mandes un correo electrónico, un mensaje de texto, o mejor aún, que cara a cara se los digas. Haz que las personas se sientan queridas, haz que las personas se sientan amadas. Haz que las personas se sientan útiles. Sobre todo, demuestra con tu vida el amor de Dios.


Es verdad que se van a equivocar desempeñando sus labores, pero nosotros también nos hemos equivocado. Por eso, ¿Quiénes somos nosotros para lapidar a una persona por un error? Corrige a las personas, llámales la atención, sí hazlo. Pero, felicítalos más por lo que hacen. Jesús dijo al César lo que es del César.


No pongamos como excusa que sólo hay que buscar el reconocimiento de Dios y no de hombres, eso es verdad, no lo niego para nada. Pero, si estás liderando a un grupo de personas, reconoce que son excelentes en lo que hacen. Enséñales con amor lo que deben hacer. No seas un dictador. Sé un guía. Demuestra la paciencia que Dios tiene con nosotros. Cuenta con tus actos como Dios te ama. Así verán que Dios vive en ti.




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