sábado, 20 de julio de 2013

Sanadores Sanados







Ciertamente soy pobre y necesitado; profundamente herido está mi corazón. (Salmo 109:22)
Este pasaje nos habla de un corazón que esta herido, ¿Está mal tener el corazón herido? No, un corazón herido no es algo malo, pero si tú tienes uno,  te animo a recibir sanidad de Dios y seguir adelante, aunque parezca difícil tu situación y tu dificultad.
En los tiempos del Antiguo Testamento, si un sacerdote tenía una herida o una llaga sangrante, no podría ministrar. 
Considero que podemos aprender de eso hoy, porque así como hoy yo puedo estar herido, hay un montón de personas en la misma situación, personas que están heridas y que están tratando de ministrar y brindar sanidad a otros mientras ellos mismos siguen teniendo heridas del pasado sin sanar, sin duda yo llamo a esas personas que siguen sangrando y con problemas, “Sanadores lastimados”
Entonces Pastor, ¿está diciendo que estas personas no pueden ministrar? No, pero sí digo que necesitan ser sanadas. Jesús dijo que si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán al hoyo (Mateo 15:14)
¿Cuál es la utilidad de estar tratando de ministrar victoria, paz, gozo, a otros si yo no tengo victoria, paz, gozo en mi propia vida? ¿Cómo se puede ministrar sanidad emocional a otros si yo no he tratado con los problemas emocionales que traigo desde el pasado? Para ministrar realmente, primero es necesario ir a Dios y permitir que Él nos sane, ya que Él es el único que puede hacerlo.
Me he dado cuenta que cuando tengo problemas de relaciones, cuando estoy lastimado o cuando alguien daña mis sentimientos, ya que a veces las personas no se dan cuenta el peso del daño que pueden causar,  no puedo ministrar adecuadamente hasta que la situación se arregla, porque me quita fuerzas y afecta mi fe, cuando tengo problemas sin resolver en mi vida, no soy tan fuerte como podría ser, pero el puente y la una vía a que todo mi entorno cambie, y mi corazón sane, es Jesús.
En otra instancia a Dios le gusta usar gente que ha sido herida o lastimada, que haya sido sanada por Él, porque nadie puede ministrar a otro mejor que una persona que ha tenido el mismo problema o ha estado en la misma situación que la persona que está pidiendo ayuda.
Pide a Dios que te sane donde sea que estés herido, así Él te puede usar para ayudar a otros. ¡Pídele que te convierta en un sanador sanado!

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