jueves, 25 de julio de 2013

Eres ¡Predestinado!










El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve.  Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.  Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. (Juan 1:43-49)

Jesús andaba por la ciudad llamando y buscando a sus discípulos, pero de repente encuentra a Felipe y le hace un llamado especial; Felipe impactado por lo que le había sucedido no podía callar lo que estaba viviendo, así que se encuentra con Natanael, su amigo y decide compartirle su testimonio y Natanael movido por la curiosidad y por la duda siguió a Felipe hasta llegar a Jesús.

 Veamos quien era Natanael y como era su vida antes de conocer a Jesús:

1.   Natanael era un hombre desconfiado y disconforme hasta consigo mismo

Era un hombre renuente, muy religioso, conocedor de la ley, un hombre muy parecido a nosotros, un hombre de carácter amargado, de aparente sonrisa fácil, pero muy esquiva alegría, él siempre estaba sonriendo cuando hablaba con la gente, pero tenía largas tristezas y muy pocas alegrías, y era impenetrable, cuáles eran sus necesidades.

Natanael había visto arrugarse su rostro en ansiedades, había visto poblarse su cabeza de canas, en desesperación, había visto hundirse y agotarse su vista en lágrimas y se había endurecido su tierna alma, con tantos golpes de… ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

De igual manera tú y yo muchas veces nos vemos reflejados en la vida de Natanael, así vivimos a diario, lleno nuestro corazón de tantas cosas que no podemos expresar, de cosas que no entendemos, pero esta noche hay esperanza, tu vida puede tener hoy un encuentro personal con Jesús; Él conoce tus necesidades, tus aflicciones y tu corazón. 

2.   Natanael era un hombre que se refugiaba en la higuera

La higuera, quizás era la única confidente  a veces, su único palenque en el que golpeaba sus desesperaciones, cuántas veces se abrazaba a ella, ¿Por qué no me contestas?, quizás tú, árbol más antiguo que yo, más añoso, en tus requiebros y en tus retorcidas troncas ¡Dime! ¿Dónde está la respuesta? Natanael era un hombre solitario, que estaba perdido en el anonimato, un hombre que ya no tenía las fuerzas ni la esperanza para salir adelante, pero cuando Jesús le dijo que lo había visto en la higuera donde nadie lo veía, donde nadie sabía; esa expresión, transformó a Natanael, cuando estabas debajo de la higuera yo te conocí ¡Allí! ¡Allí! No lo podía ver nadie sino un Jesús que lo amaba, que dio la vida por él, así como por ti y por mí, que nada se le escapa de nuestra vida y que nunca abandona a sus predestinados, nunca deja avergonzado aquel que es su hijo y que tiene un propósito en Cristo.

Cuando creíste que no podías confiar en nadie, cuando creíste que no podías descansar en nadie, ¡Yo estaba allí! Le dijo Jesús ¡Yo te conozco! ¡Sé que eres verdadero! ¡Sé que eres genuino! ¡Tú eres predestinado hasta el fin! Esas fueron las palabras de Jesús y estas mismas palabras hoy son para ti, quizás tú ni entiendas porque estas en ese lugar donde te encuentras, quizá como Natanael tienes una higuera que no quieres dejar, quizás vives en soledad, pero hoy Jesús preparo esta Palabra para ti, para encontrarse contigo de una manera personal, solo basta con que tu creas y hagas en tu vida un lema Sus promesas.

Para Natanael se habían acabado las excusas, los argumentos, las renuncias, estaba rendido su corazón, él le dijo a Jesús: ¡Tú eres mi Dios, mi maestro, tú eres el que esperaba mi alma, tú eres el que responde a mis preguntas, tú eres la quietud de mi desesperación, tú eres la vida de mi agonía, la compañía de mis desconsuelos, de mis tristezas, tú eres el fin de mis penas, tu eres mi amado.

Ha llegado el tiempo que como Natanael, no sigas escondiéndote, es necesario que HOY le rindas tu vida y tu corazón totalmente a Jesús, tú eres un predestinado para cosas maravillosas ¡solo créelo!.

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