martes, 7 de mayo de 2013

Cuidado con lo que tocas










“Si se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, y oran, buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra.” (2 Crónicas 7:14, Versión Biblia de las Américas)

Hemos escuchado de historias de amor que lo dan todo por el otro, que creen que soportarlo todo, es “todo” del modo más especifico que se pueda tomar…
Con la familia suele pasar, lo das todo por ella y soportas lo que sea, pero, ¿qué hay cuando te sentís presionado para tomar una decisión entre esa persona a la que tanto quieres y el compromiso que debes tener para con Dios?

De los que leen es probable que muchos han escuchado lo de “agradar a Dios”, pero el punto no es decirlo, es creerlo, desearlo... y hacerlo. (Salmos 63:1)

Recuerdo la historia real de una persona que enfrenta grandes tristezas por las situaciones que enfrentaba su hijo; el joven estaba involucrado en actividades que por su naturaleza no harían sentir orgullosa a ninguna madre, al menos no a una buena. Pero, entonces, ¿será que para ella el precio a pagar era secundar las malas decisiones de su hijo siendo cómplice de él? Claro que no.
 
Tu destino tampoco es ese: no es seguir los pasos de un hermano mayor en pandillas,  heredar el vicio que tiene alguno de tus padres, heredarle a tus hijos el maltrato que has recibido, o adaptarte a las circunstancias o a tu entorno, es necesario que sepas esto: no eres “victima de las circunstancias” pues tienes la capacidad de elegir, una capacidad que no tiene ningún otro ser en la naturaleza, por tanto, es lógico que se nos exija usarla y que seamos responsables por las decisiones que tomemos y que por las mismas seamos juzgados.

 Recuerda que está la oración, y que Dios escucha a aquel que se le acerca. Pero no le dejes todo al cielo cuando hay cosas que están en tus manos. Por ejemplo, puedes orar por un hijo en drogas o pandillas, pero no te enredes en el mismo asunto y aun busques justificar tu error en el amor que le tienes por ser tu hijo, no hay justificaciones o que puedan superar el sacrificio Santo del Hijo de Dios: Jesucristo al poner su vida para tu perdón y salvación (Juan. 3:16), así que buscar la santidad, debe ser la prioridad, antes que nada, antes que nadie.

Muchas veces lo que vivimos es consecuencia de nuestros actos, así que, si estás pagando esas consecuencias mejor pide misericordia, espera con humildad y ora con fe, cambia lo que tengas que cambiar y haz todo aquello que está en tus manos, deja los milagros para cosas imposibles, ante todo y sobre todo, en estos últimos recuerda que se hará su voluntad. 

No eres víctima de nadie sino de tus decisiones, decidí agradarlo aun en las circunstancias o presiones más adversas y sentite con la satisfacción de saber qué hiciste lo mejor que podías. No somos perfectos, pero actúa como si cada día quisieras serlo para él.



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