lunes, 21 de mayo de 2012

Generación de cambio


Zorobabel, no hace falta que seas poderoso, ni necesitas un gran ejército; lo único que necesitas es mi espíritu. Yo soy el Dios todopoderoso, y te aseguro que así es. (Zacarías 4:6)

Las armas de esta generación de jóvenes, deben ser la oración y la fe.

Los cristianos somos tan incrédulos aún. No tomes a mal lo que te estoy diciendo, pero sí es cierto que no somos al cien por ciento como quizás lo eran los hombres de fe del antiguo y nuevo testamento. Me imagino a Abraham sacrificando a su hijo, Moisés cuarenta años en el desierto, José creciendo en familia ajena, Pablo soportando las contras de ser cristiano, y en verdad me doy cuenta que lo que ellos tenían, y a nosotros nos falta, es una fe constante.

Fe constante, sin pausas, sin detenimientos, sin dudas, Fe de la más pura y real. Si muchas veces Dios no responde nuestras peticiones, es porque espera que le creamos mucho más de lo que lo hacemos. Eso lo he probado por experiencia propia.

He atravesado valles en mi vida en los cuales sentía que Dios me había dejado sola, quizás no acordándose de mis oraciones. Pero cuando comencé a buscarlo más, a crecer más espiritualmente, la respuesta de Dios fue inmediata. Te sorprenderías lo que pudieras hacer con un poco más de fe.

En el versículo de allí arriba, era un ángel hablándole a Zacarías de parte de Dios, diciéndole que Dios había escogido a Zorobabel para que estuviera a Su servicio. No sabemos mucho de la historia de este hombre, pero sí tenemos unas palabras claves: No hace falta que seas poderoso, ni necesitas un gran ejército, lo único que necesitas es mi espíritu.

¡Amén! Qué increíble es saber, que no necesitamos armas, poder político, dinero, posición en este mundo para ser victorioso, simplemente necesitamos al Espíritu de Dios. Necesitamos creerle más a Dios.

Si tan sólo fuésemos más crédulos, nuestras palabras serían poder de Dios. Si estás atravesando una situación difícil, o si hay algo que estás anhelando, háblale en el nombre de Jesús. Háblale a tu problema, háblale a tu necesidad, ponla en manos de Dios.

La Biblia dice que si nuestra fe fuera siquiera tan pequeña como un grano de mostaza, con sólo decirle a una montaña “Muévete” se movería. Con tan sólo una palabra. ¿Podemos entender? El poder de Dios se manifiesta a través de las personas que tienen fe. Sus vidas impactan cuando viven por fe. Sus testimonios son tan tremendos que contagian el cristianismo.

¿Contagian? Tengo la certeza de que el cristianismo es muchas veces por contagio. Ver a una persona atravesar tantos problemas, y que siempre esté sonriente, que siempre la veas avanzar. Ver a alguien que te dice “Todo estará bien” en cada momento difícil. Es algo que contagia, ese es el cristianismo que debemos vivir.

Esta generación debe hacer un cambio. Nosotros los jóvenes y no tan jóvenes, debemos ser ejemplo para los incrédulos e incluso ejemplo para los cristianos. Que los demás vean en nosotros a Cristo. La oración y la fe, actúan según cuánto tú le creas a Dios. Es tiempo de cambiar.



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domingo, 20 de mayo de 2012

Siendo el prójimo


A los que buscan la paz entre las personas, Dios los premiará dándoles paz y justicia. (Santiago 3:18)

Hoy en este devocional, no quiero hablar tanto de ti, sino hablar de quienes te rodean. ¿Has pensado en que los demás tienen sueños y anhelos como tú? ¿Has pensado que quizás a veces necesitan un abrazo y una palabra de aliento, como tú?

Como humanos, nos preocupamos más por nosotros mismos que por los demás, pero debemos recordar y hoy quiero recordarles, que la Biblia nos enseña a preocuparnos por los demás. Claro que es importante enfocarse en nuestra relación con Dios, pero también es importante mantener relaciones sanas con las personas.

El versículo de allí arriba dice que, si buscamos la paz, recibimos paz. Si a veces nos encontramos atormentados, ¿será porque no estamos mirando a nuestro alrededor? Quizás alguien tiene una palabra de aliento para ti, o tú para esa persona. La paz entre las personas, es demostrar el amor de Dios.

Esto no es sencillo de conseguir, ya que siempre habrá contiendas, envidias, celos, chismes; pero si tienes al Espíritu Santo en tu corazón, hay algo que cada vez que haces algo malo a alguien te dice “pídele perdón, busca la paz, deja el orgullo, restaura la relación”.

Demostrar interés en los demás, demuestra que somos verdaderos cristianos

Santiago 3:17 nos da más en detalle el comportamiento de un verdadero cristiano: “En cambio, los que tienen la sabiduría que viene de Dios, no hacen lo malo; al contrario, buscan la paz, son obedientes y amables con los demás, se compadecen de los que sufren, y siempre hacen lo bueno; tratan a todos de la misma manera, y son verdaderos cristianos.”

Si en verdad conocemos a Dios, sabemos que debemos cuidar a nuestros hermanos. Debemos dar aliento y ánimo cuando es necesario, quizás debemos callar y sólo escucharlos, o tal vez debemos corregirlos y ganarnos su enojo momentáneo.

“Hijos míos, no debemos limitarnos a decir que amamos, sino que debemos demostrarlo por medio de lo que hacemos.” (1 Juan 3:18)

Seremos recompensados por Dios y por los demás

En Hebreos 6:10 también es claro el mensaje: “Dios es justo, y nunca olvidará lo que ustedes han hecho, y siguen haciendo, para ayudar a su pueblo elegido. De esa manera, ustedes también demuestran que aman a Dios.” Dios no olvida lo que hacemos por los demás. Él toma nota de cada acción de compasión que tenemos hacia los demás. ¿Por qué? Porque es la forma más visible de demostrar que amamos a Dios.

Lo más bonito de todo, es que cuando demostramos amor, recibimos tarde o temprano, amor. Cuando tú estás ayudando a alguien o interesándote por alguien sin ningún interés, estás automáticamente abriendo cielos a tu vida. Porque no sólo la persona te devolverá cariño, sino que el Dios del universo recompensará al hijo que cuida de sus hermanos.

Si debemos ayudar, ayudemos hoy, no mañana

“Si alguno está alegre, alégrense con él; si alguno está triste, acompáñenlo en su tristeza.” (Romanos 12:15) “No te niegues a hacer un favor, siempre que puedas hacerlo. Nunca digas: ‘Te ayudaré mañana’, cuando puedas ayudar hoy.” (Proverbios 3:27-28) ¿Cuántas veces negamos nuestra ayuda a los demás, y cuántas veces la damos?

No te sientas mal si te estás dando cuenta que has fallado. Todos le hemos fallado a alguien, pero antes que todo a Dios. Jesús nos dijo “ámense los unos a los otros”. No es un amor humano, es un amor divino el que Cristo mencionaba. Es aquel que a pesar de que no conozcas al hermano que se sienta al lado tuyo en la iglesia, tengas el corazón suficiente para abrazarlo si ves que llora. Ese es Dios en medio de dos almas.

La paga de Dios es proporcional a lo que tú das

“Denles a otros lo necesario, y Dios les dará a ustedes lo que necesiten. En verdad, Dios les dará la misma medida que ustedes den a los demás.” (Lucas 6:38) Como dice cierta frase “si no te gusta lo que recibes, fíjate en lo que estás dando”. A veces debemos examinarnos para ver si en verdad estamos demostrando a los demás el amor de Dios, o nos estamos enfocando en nosotros mismos.

Pon todos estos puntos en oración a Dios. Pídele perdón si le has fallado, y ten más compasión por tu prójimo. Recuerda, no debes ser así sólo con los cristianos, tu familia y amigos no cristianos, necesitan del amor de Dios. Sólo demostrándoselos es que los acercarás al Señor. Recuerda que tú también eres el “prójimo” de alguien, lo que tú hagas, eso harán contigo.

Todos necesitamos una palabra de aliento, un oído, un hombro donde apoyarnos; sé tú especial para alguien. Que Dios te bendiga.

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sábado, 19 de mayo de 2012

Sal de la barca


-Señor, si eres tú,-respondió Pedro- mándame que vaya a ti sobre el agua,-Ven- dijo Jesús. Pedro bajó de la barca y caminó sobre el agua en dirección a Jesús. (Mateo 14: 28-29)

Es muy fácil estar tan atemorizado de cometer un error, que nunca tratas de andar por fe.

Tú puedes pasarte todo el tiempo preguntándote: ¿Es esto fe o presunción? ¿Es esto fe o emoción? ¿Qué pasaría si ejercito mi fe en algo y luego encuentro que no he hecho la voluntad de Dios?

No te preocupes. Dios puede tratar con cualquier error que tú cometas. Lo sé porque he cometido muchos. Cuando los cometía, iba simplemente al Señor y Él me decía: “Permanece en la Palabra, hija. Juntos superaremos este asunto”. Y juntos siempre lo hicimos y lo hemos hecho.

Si haces lo que dice la Palabra con sinceridad y humildad de corazón y permaneces de manera decidida en ella, Jesús nunca te va a desilusionar, por más equivocaciones tontas que cometas. Él probó eso la noche en que Pedro saltó de la barca en medio del lago.

¿Te has detenido a pensar en ese incidente? Pedro no había estado orando o buscando la voluntad de Dios antes de hacerlo. Bajo el impulso exclamó: “Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti.”

¿Qué se supone que dijera Jesús? Él simplemente no podía decir: “No soy Yo.” Supongo que pudo haber dicho: “Espera un minuto. Tú no tienes la fe para venir hasta aquí. Será mejor que te quedes en esa barca o de seguro vas a ahogarte”. Él no le dijo eso a Pedro, y no te lo dirá a ti.

Si quieres salir y andar por fe, Jesús saldrá contigo y te levantará cuando comiences a hundirte. Él te regresará a la barca si tienes que hacerlo.

¡Es mejor arriesgarte a ser presuntuoso que desperdiciar tu vida en la barca de la incredulidad! Si tú tienes que hacerlo, simplemente salta al agua y di: “Dios, ayúdame!”

No dejes que el temor te aparte de dar ese paso de fe. ¡Vamos, sal de la barca hoy!

Lectura bíblica: Mateo 14: 22-33



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viernes, 18 de mayo de 2012

Más claro que el agua


Porque misericordia quise, y no sacrificio; y conocimiento de Dios más que holocaustos. (Oseas 6:6)

La Palabra de Dios es muy clara con respecto a lo que Él quiere de nosotros. La Biblia nos enseña cómo es Dios, quién es Dios, el carácter de Dios, etc., Pero, el gran problema es que no la leemos.

A los cuatro vientos gritamos amén cuando en la calle nos saludan, diciéndonos un “Dios te bendiga”. Pero eso no te hace que conozcas a Dios. Eso no te hace que agrades a Dios. Eso no te hace que glorifiques a Dios. Un Dios te bendiga y un amén, lamentablemente, lo dicen hasta los que no son hijos de Dios.

En el transcurso de nuestra vida tendremos que diferenciarnos del resto de personas. Tendremos que demostrar y defender nuestra fe. Muchas veces, tendremos que hablar, es ahí donde surge mi disyuntiva: ¿Estás preparado para defender tu fe? Ojo, no estoy hablando de defender tu religión, eso se hace fácil con argumentos humanos. Pero, defender tu fe implica leer la Biblia, orar constantemente, etc., ¿Estás preparado?

Claro, me puedes decir que tus hechos van a predicar, de acuerdo y te felicito. Pero, cuando alguien te pregunte aspectos bíblicos, ¿Podrás responder respecto a lo que la Biblia enseña?

Es momento de tener una relación honesta con Dios. Debemos ser honestos delante de Dios, si no hemos estado leyendo su Palabra, creyendo Su Palabra y viviendo Su Palabra. Humillémonos delante de Dios. Debemos entender de una vez por todas que sin lectura bíblica no existe relación con Dios.

Un hijo de Dios no puede estar sin leer la Biblia. Un hijo de Dios no puede vivir sin leer la Biblia. Al no leer la Biblia es cuando tomamos malas decisiones y luego culpamos a Dios porque no nos mostró Su voluntad. Cuando en la Biblia, Dios nos muestra Su voluntad para nosotros. Debemos leer la Biblia, debemos iniciar a tener una relación honesta con Dios.

Tu conocimiento de Dios se mostrará si vives los siguientes versículos, si no estás viviendo una religión ritualista, en la cual lo último que viven es lo que Jesús vino a predicar:

“Mas id, y aprended lo que significa: MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIO; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.” (Mateo 9:13)

“Pero si hubierais sabido lo que esto significa: MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIO, no hubierais condenado a los inocentes.” (Mateo 12:7)

“Y QUE AMARLE CON TODO EL CORAZÓN Y CON TODO EL ENTENDIMIENTO Y CON TODAS LAS FUERZAS, Y AMAR AL PRÓJIMO COMO A UNO MISMO, es más que todos los holocaustos y los sacrificios.” (Marcos 12:33)

“Y Samuel dijo: ¿Se complace el SEÑOR tanto en holocaustos y sacrificios como en la obediencia a la voz del SEÑOR? He aquí, el obedecer es mejor que un sacrificio, y el prestar atención, que la grosura de los carneros.” (1 Samuel 15:22)

Es momento de ser honestos delante de Dios y mostrarnos tal cual somos. Pedirle perdón si sólo hemos estado viviendo unas vidas religiosas. Dios nos manda que prediquemos Su Palabra. Luego el Espíritu Santo se encarga de convencer de pecado.

Recuerda que la Biblia hay que leerla, creerla y vivirla. Dios te bendiga.

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jueves, 17 de mayo de 2012

Prioridades


Como cristianos, uno de los cambios más dramáticos en tu vida debe ser la manera en que empleas tu tiempo. Tus planes y ambiciones en la vida, deben ser diferentes a como eran cuando no servías a Dios. Después de todo, tú no debes vivir ya para ti mismo sino para Dios.

Al principio puede ser una transición difícil. Aquí hay algunos consejos que podemos adquirir de la Palabra de Dios.

1.           Que Cristo esté por encima de TODO.

Para ser un verdadero seguidor de Cristo, necesitas estar dedicado a Él y no dejar que NADA se interponga en el camino de tu devoción. Cuando ponemos a Cristo en segundo, tercero o último lugar de nuestras prioridades, lo que estamos haciendo es retrasar las promesas de Dios para nuestras vidas. Es por eso que poner a Cristo primero no sólo es darle la Honra y Gloria que merece, sino que nos resulta provechoso a los cristianos.

Los verdaderos circuncidados somos nosotros, los que guiados por el Espíritu adoramos a Dios y estamos orgullosos de pertenecer a Jesucristo. Nosotros no creemos que podamos hacer nada para salvarnos. Si la salvación dependiera de la circuncisión, yo podría sentirme más orgulloso que cualquiera: me circuncidaron a los ocho días de nacido, pertenezco a la nación de Israel, y soy de la tribu de Benjamín; ¡soy más hebreo que muchos hebreos! En cuanto a cumplir la ley, pertenecí al grupo de los fariseos. Tanto me preocupaba por cumplir la ley que perseguía a los miembros de la iglesia. ¡Nadie puede culparme de no haber cumplido la ley! Pero, gracias a lo que Cristo hizo por mí, ahora pienso que no vale la pena lo que antes consideré de valor. Todo eso lo he dejado a un lado, y lo considero basura, con tal de llegar a conocer bien a Cristo, pues no hay mejor conocimiento. Y quiero que Dios me acepte, no por haber obedecido la ley, sino por confiar en Cristo, pues así es como Dios quiere aceptarnos. Por eso, lo único que deseo es conocer a Cristo; es decir, sentir el poder de su resurrección, sufrir como él sufrió, y aun morir como él murió, ¡y espero que Dios me conceda resucitar de los muertos!” (Filipenses 3:4-11)

2.           Equilibra el servicio cristiano con la adoración.

No adquieras el hábito de servir tanto al Señor que descuidas adorarlo y dedicar tiempo para conocerlo mejor. Esto significa, que no debes encerrarte en lo que Dios ha puesto en tus manos, sino que mantengas un orden en la oración y lectura de la Palabra. Un líder o pastor que no ora, realmente no está sirviendo al verdadero Dios.

En su viaje hacia Jerusalén, Jesús y sus discípulos pasaron por un pueblo. Allí, una mujer llamada Marta recibió a Jesús en su casa. En la casa también estaba María, que era hermana de Marta. María se sentó junto a Jesús para escuchar atentamente lo que él decía. Marta, en cambio, estaba ocupada en preparar la comida y en los quehaceres de la casa. Por eso, se acercó a Jesús y le dijo: -Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola, haciendo todo el trabajo de la casa? Dile que me ayude. Pero Jesús le contestó: -Marta, Marta, ¿por qué te preocupas por tantas cosas? Hay algo más importante. María lo ha elegido, y nadie se lo va a quitar.” (Lucas 10. 38-42)

3.           No malgastes tiempo en la búsqueda de cosas que no perduran.

Tu tiempo en la tierra es corto. Pídele ayuda a Dios para invertir tu tiempo en cosas que tienen valor. Al final, dice la Palabra, que todo vuelve al polvo. Debemos pensar con mente eterna, no con la mente temporal que antes pensábamos. Debemos fijar nuestra mirada en hacer cosas que edifiquen a los demás y aprender de personas que nos edifican a nosotros.

Tú, por el contrario, sé prudente en todas las circunstancias, soporta los sufrimientos, dedícate a la evangelización; cumple con los deberes de tu ministerio. Yo, por mi parte, ya estoy a punto de ser ofrecido como un sacrificio, y el tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe. Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida.” (2 Timoteo 4:5-8)

4.           Emplea tiempo en alimentar tu alma.

Dios ofrece bendecirte si eliges pasar más tiempo con Él en lugar de dedicar tu tiempo a la búsqueda de satisfacciones temporales. Un buen ejercicio es, al comenzar la mañana preguntarte en oración qué puedes hacer para Dios y para los demás en ese día; y en la noche analizar si lo has cumplido. Es un medio muy efectivo de enfocarnos en el propósito que Dios tiene para nosotros.

Por lo tanto, dejen de hacer lo malo. No se digan mentiras, no sean hipócritas, no sean envidiosos ni chismosos. Más bien, busquen todo lo que sea bueno y que ayude a su espíritu, así como los niños recién nacidos buscan ansiosos la leche de su madre. Si lo hacen así, serán mejores cristianos y Dios los salvará, pues ustedes han comprobado que el Señor es bueno.” (1 Pedro 2:1 -3)

5.           Mantén vivo tu celo espiritual.

Esfuérzate en mantener ese fuego ardiente en tu corazón, que brille siempre mientras sirves al Señor. Sólo con oración, ayuno, lectura de la Palabra, reflexión, oyendo prédicas podremos hacerlo. Debemos tener esa sed de Dios constante, búscala de la forma que más te agrade, pero hazlo con ánimo.

Trabajen con mucho ánimo, y no sean perezosos. Trabajen para Dios con mucho entusiasmo.” (Romanos 12:11)

Dios sólo desea bendecirte cada día más. Él quiere que hoy acomodes tus prioridades y entiendas que si Él está primero en TODO, tú estarás primero en TODO. Comenzarás a ver cambios inmensos en tu vida si aplicas estos pasos, y no sólo en tu vida física, sino en tu vida espiritual. ¡Esa forma de servicio es la que Dios AMA!



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miércoles, 16 de mayo de 2012

Míos son ustedes


Natanael preguntó: -¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret? -Ven y lo verás -contestó Felipe. (Juan 1:46)

Ellos le respondieron: -¿También tú crees que de Galilea puede salir algo bueno? Estudia la Biblia y verás que de allá no ha venido ningún profeta. (Juan 7:52)

El rechazo lo sentimos cuando estamos lejos de Dios.

Si hay alguien que por experiencia propia podría darnos una cátedra sobre “Rechazo” es nuestro Señor Jesucristo. Como verás allí en los versículos de arriba, la gente ya lo juzgaba hasta por la ciudad de donde venía. Lo triste es que hoy en día podemos ver prejuicio y rechazo entre cristianos y a los cristianos.

Sé que los que están leyendo esto se han sentido rechazados. Por sus familias que no son cristianas, por sus amigos que no son cristianos, por hermanos en la iglesia, por pastores, por líderes. ¿Pero por qué sentimos tanta soledad cuando nos rechazan? Porque no ponemos los ojos en Dios.

Es cierto que nos duele sentir rechazo, y más cuando es de personas que no lo esperamos. Pero debemos tomar el ejemplo de Cristo, debemos de tomarnos de Dios. Jesús estaba solo cuando vino al mundo, la Biblia dice que muchos no creían en Él y hasta sus discípulos lo abandonaron. ¿Y Él que hizo? Se tomó de las manos de Dios.

El rechazo es una sensación, porque las personas siempre nos ignorarán, pero Dios no. Si en verdad estamos cerca del Padre, jamás nos sentiremos solos e insignificantes.

En mi caso, soy la única cristiana de mi familia. Todas las semanas debo callarme y defender mi fe porque recibo críticas y burlas de mi propia familia. ¿Duele? Claro que sí, pero ¿Me siento sola? ¡Jamás! He aprendido que de la mano de Jesús jamás me sentiré rechazada. Escrito está: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá.” (Salmos 27:10)

No le tengamos miedo al rechazo. No dejemos de congregarnos en una iglesia o de servir porque “nos vieron mal”. No nos alejemos de nuestras familias porque nos incomodan sus comentarios. Al contrario, seamos ejemplo de Cristo. Tomémonos de Dios, sigamos mostrando el amor. Cuando nosotros amamos al ser rechazados, confundimos al reino de las tinieblas.

El diablo cree que con críticas y rechazos caeremos. ¿Pero sabes qué? Que seremos rechazados, seremos rechazados; pero que Dios nos levanta, ¡Nos levanta! Confiemos en Él y no en lo que los demás puedan decir de nosotros.

Me duele ver cristianos que se han alejado de Dios por culpa de hombres. Ya no estamos para esto, sino para marcar la diferencia. ¿Sabes? Tú no eres un “bueno para nada” como te han dicho. ¿Sabes? Tú puedes lograr lo que te propongas de la mano de Dios, aunque te hayan dicho lo contrario. ¿Sabes? Dios hará grandes cosas contigo, aunque te hayan dicho que eres joven. ¿Sabes? Cristo murió por ti porque eres importante para Él.

“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:10)

“Pero aquellos que la aceptaron y creyeron en ella, llegaron a ser hijos de Dios.” (Juan 1:12)

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” (1 Pedro 2:9)

¿Así que hasta este devocional te sentías rechazado/a? ¡Pon hoy en tu mente: ERES IMPORTANTE PARA DIOS! No importa de donde vengas, no importa de qué país eres, no importa qué idioma hablas, no importa el color de tu piel, no importa tu edad, no importa tu forma de vestir, no importa tu pasado, no importa todo el dolor y rechazo que has sufrido, Dios te ha dicho y hoy te lo afirma con total seguridad: “MÍO/A ERES TÚ” (Isaías 43:1)



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martes, 15 de mayo de 2012

Viviendo para Dios


El que habla de sí mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. (Juan 7:18)

Nuestros ministerios son un regalo precioso de Dios. Dios ha confiado en gran manera en nosotros para poder desarrollarlos, ayudar a las personas a que crezcan espiritualmente, que conozcan más a Dios, en fin que vivan para la gloria de Él.

Pero muchas veces se nos olvida que nuestra misión no es hacer crecer el ministerio, en número. Nuestra misión es que las personas crezcan espiritualmente, pero no se hace con lindos discursos, con elocuencia; se hace mostrando la bendita palabra de Dios.

Jesús, cuando le hicieron un sinfín de preguntas antes de condenarlo a muerte, siempre se mostró tranquilo, en paz, mostrando la gloria de Dios. La gloria de Dios hace que tengas sabiduría para decidir, para actuar, para hablar, para pensar, etc., pero si no buscas la gloria de Dios, siempre seguirás igual.

No te metas a discipular con filosofía, con humanismo o cualquier cosa que no sea la Palabra de Dios. La Biblia es la única con la cual podrás discipular y hacer que las personas conozcan el vivir para la gloria de Dios.

Cuando vivimos para la gloria de Dios, no quiere decir que dejamos de pecar, siempre pecamos, pero ya no es con la misma frecuencia con la que lo hacíamos antes. Dios en Su gran poder, te ayuda a que digas no. Pero, esto es cuando conoces el vivir para la gloria de Dios.

Jesús mismo nunca buscó llevarse la gloria Él. Siempre buscó darle la gloria al Padre. Jesús respondió: Si yo mismo me glorifico, mi gloria no es nada; es mi Padre el que me glorifica, de quien vosotros decís: “El es nuestro Dios”.” (Juan 8:54) Nosotros no somos nadie para jactarnos de lo que logramos, toda la gloria le pertenece al Padre.

Habrá algunos que puedan decir que ese era Jesús, Él es perfecto, nunca pecó. Sí, es verdad, todo eso es completamente cierto. Pero, todo lo que Jesús hizo fue para que nosotros sigamos Su ejemplo: “Porque para esto fuisteis llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas”. (1 Pedro 2:21)

Cuando prediques, siempre ten presente la Palabra de Dios. Si conoces al Dios vivo, Santo, Justo, Perfecto, Soberano, siempre predicarás la Palabra de Dios. En un líder, pastor, diácono o lo que sea, nunca debe haber arrogancia, altivez, ni prepotencia. Puesto que el líder siempre tiene que estar atento a lo que Dios quiere que haga y Dios aborrece los corazones altivos. “Destruiré al que en secreto calumnia a su prójimo; no toleraré al de ojos altaneros y de corazón arrogante.” (Salmos 101:5)

Debemos humillarnos delante de Dios y entender que el que se manifiesta en nuestra vida es Él, no son nuestras capacidades o bondades. Es la infinita gracia de Dios.

Recuerda que la Biblia hay que leerla, creerla y vivirla.



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lunes, 14 de mayo de 2012

Creados para volar alto


Sean fuertes, y por ningún motivo dejen de confiar en él cuando estén sufriendo, para que así puedan hacer lo que Dios quiere y reciban lo que él les ha prometido. (Hebreos 10:36)

Poner los ojos en la promesa y no en el problema, nos hará salir más rápido con la solución.

Tu problema no determina tu estado, deberías ser tú el que determina el estado de tu problema. Si te pones a pensar, muchas veces hemos dejado que situaciones se enseñoreen de nosotros y no nosotros enseñorearnos de ellas. Cuando Jesús en Lucas 10:19 nos dice “Yo les he dado poder para que ni las serpientes ni los escorpiones les hagan daño, y para que derroten a Satanás, su enemigo.” Lo está declarando. Nos ha dado poder en Su nombre, y aún así muchas veces dejamos que las situaciones nos ganen.

En la Biblia una de las comparaciones que se nos hacen a los humanos, es con las águilas. Las águilas son aves rápidas, que vuelan a muy grandes alturas y se alimentan desde lo alto, descendiendo a gran velocidad sobre su presa. Cuando un águila tiene un ala dañada, no puede volar. Y como no puede volar, no puede cazar. Y como no caza, muere por no poder alimentarse.

Nosotros los humanos hemos sido creados para volar alto. Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios para ser vencedores y anunciar por sobre todo el Amor de Dios. Pero ¿Cómo hacerlo si estamos lastimados? Es allí cuando somos como un águila herida, Dios creó al águila para volar alto y cazar para vivir. A nosotros nos creó para ser felices cumpliendo Su propósito, pero heridos, no podemos hacer lo que Dios quiere.

¿Cuál es la solución al dolor? Simplemente Dios. Dios lo es todo. Nosotros debemos aprender a poner más los ojos en las promesas que nos ha dejado el Señor en Su palabra, y no en los problemas o pruebas que nos sobrevengan en la vida. Sólo Dios puede sanar las heridas de una vez y para siempre, pero es tu decisión dejarlo.

Ayer daba una consejería a una joven. Ella tenía la necesidad de volver a tener la pasión que tenía por Dios. A medida que la plática avanzaba, me contó que ya no oraba, no leía la Palabra, y asistía a la iglesia sin ganas. Mi respuesta fue: “Debes tomar la decisión de dejar a Dios actuar en tu vida”. Y lo mismo te digo a ti.

¿Cómo esperas que Dios te responda? Si no lees Su palabra. ¿Cómo quieres que Dios te hable? Si no oras al menos una vez al día. ¿Cómo quieres que Dios te sane? Si te encierras en tu dolor y sólo eres quejas. Ya no seamos cristianos mediocres, hemos sido creados para volar alto.

Este no es un devocional de motivación o de exhortación, sino que es Dios diciéndote ¡DÉJAME ACTUAR EN TU VIDA! Somos nosotros los que le ponemos el muro a Dios la mayoría de las veces, no es Él. Sé fuerte, si hoy estás sufriendo, pon tus ojos en las promesas de Dios y sólo así descubrirás qué es lo que Dios quiere que hagas mientras atraviesas esta situación. Cuando encuentres el propósito de Dios, Él te dará la solución y quitará todo dolor de tu vida.

Y si aún no sabes cuáles son las promesas de Dios para tu situación, lee la Palabra, allí están todas y cada una de sus promesas. Una de las más hermosas, para mí, es que lo que sufres jamás será en vano. Sino que el Señor cada lágrima derramada, la transformará en sonrisa. “Pues los sufrimientos ligeros y efímeros que ahora padecemos producen una gloria eterna que vale muchísimo más que todo sufrimiento.” (2 Corintios 4:17)



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domingo, 13 de mayo de 2012

No te obedezcas


Porque mis pensamientos no son los de ustedes, ni sus caminos son los míos -afirma el Señor-. Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los de ustedes; ¡más altos que los cielos sobre la tierra! (Isaías 55:8-9)

“Un alpinista, desesperado por conquistar el Aconcagua, inició su travesía después de años de preparación pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin compañeros. Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo decidido a llegar a la cima. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña, ya no se podía ver absolutamente nada. Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes. Subiendo por un acantilado, a solo 100 metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires... caía a una velocidad vertiginosa, él pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos. Sí, como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura. En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedo más que gritar: -"AYUDAME DIOS MIO" De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó: "¿QUE QUIERES QUE HAGA?". -"Sálvame Dios mío." -"¿REALMENTE CREES QUE TE PUEDA SALVAR?". -"Por supuesto, Señor." -"ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE..." Hubo un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda y reflexionó... Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a una cuerda... A DOS METROS DEL SUELO...” ¿Y tú? ¿Cuán confiado estás en tu cuerda? ¿Por qué no la sueltas?

Esta historia me la contaban cuando era pequeña en la escuela. Pero es hasta ahora que nunca le había dado importancia. A veces pedimos a Dios ayuda, le decimos que le creemos, que haremos todo lo que Él nos diga, le pedimos que nos dé dirección o que nos muestre qué debemos hacer; y no entendemos que Dios lo único que nos dice es “Obedéceme a mí, no a ti”.

¿Cuántas veces hemos perdido oportunidades y logros en nuestras vidas por querer hacerlo todo a nuestro tiempo y modo, y no al tiempo y modo de Dios? ¿Cuántas veces confiamos más en nosotros mismos que en Dios? Hermano mío, hermana mía, Dios es el único en el que podemos confiar. En Dios es en quien debemos de poner nuestra mirada y no dudar.

Quizás creas que lo de allí arriba sea sólo una historia, pero ¿Qué me dices de Pedro, cuando quiso caminar sobre las aguas? Jesús le dijo “Sí Pedro, ven, toma mi mano”. Pero Pedro miró más el viento fuerte, miró más su condición humana, que al Cristo que tenía en frente de sus ojos. Fue allí cuando comenzó a hundirse y le digo “SEÑOR, SALVAME”.

Siempre que nos miremos a nosotros mismos, tarde o temprano caeremos, tarde o temprano nos hundiremos. ¿Por qué? Porque nosotros no tenemos ni la menor idea del futuro maravilloso que Dios nos tiene preparado si le obedecemos y si cumplimos su Voluntad.

Yo no sé si tu situación en este momento sea difícil o sea la más feliz de tu vida. Pero con este devocional, quiero que entiendas que hay un Dios por sobre todo que tiene pensamientos superiores a los tuyos y caminos totalmente más elevados que los tuyos, y ¿sabes qué? Quiere que lo sigas. Él no quiere que te pierdas haciendo tu voluntad, sino que te encuentres con Él haciendo la Suya.

La Biblia afirma que la Voluntad de Dios es BUENA, AGRADABLE y PERFECTA. Así como también, el Salmo 34:8 nos invita a PROBAR su Voluntad: “Prueben y vean que el Señor es bueno; dichosos los que en él se refugian.” ¿Qué pierdes si de una vez por todas le dejas el dominio de tu vida a Dios? Yo puedo asegurarte algo, si no obedeces a Dios, el que pierdes eres tú. Pero si lo obedeces, por más locas y disparatadas que suenen las órdenes del Señor, siempre saldrás en victoria. Corta hoy tu cuerda y créele a Dios. No te obedezcas, obedece a Dios.



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sábado, 12 de mayo de 2012

Hermosa adicción


Bien saben que los de la familia de Estéfanas…se han dedicado a servir a los creyentes. (1 Corintios 16:15)

Yo quiero que comiences hoy a desarrollar una adicción, una adicción a la Palabra de Dios.

Esto puede que te parezca extraño, especialmente si no tienes mucho interés en la Palabra ahora. Pero créeme, es posible. Yo lo he hecho y he visto a otros hacerlo muchas veces.

Todo lo que tienes que hacer es decidir entregarte a ella. Enfocar tu tiempo y atención en la Palabra.

Mientras más te consagres a ella, más aumentará tu deseo por la Palabra. Con el tiempo, ella consumirá tus pensamientos.

¿Sorprendido? No deberías de estarlo. Eso pasa con cualquier cosa a la que tú te entregas totalmente. Por ejemplo, esto sucede con la gente que se dedica a la pornografía. A medida que fijan su atención en eso, el espíritu que opera detrás avanza en su conciencia y al final los lleva de la actividad mental a la actividad física. Por último, llegan al punto donde no pueden satisfacerse, no puede saciarse.

Ese mismo principio funciona en el aspecto positivo cuando comienzas a dedicarte a la Palabra de Dios. Tú puedes entregarte a ella hasta el punto donde consuma totalmente tu vida mental y física.

Entre más recibas, más quieres. El espíritu detrás de la Palabra, el Espíritu Santo, te atraerá y te llevará más cerca de Jesús de lo que tú te imaginas.

Todavía no he conocido a alguien que camine en fe y poder, que alguna vez no haya desarrollado esa clase de adicción a dedicarse totalmente a la Palabra por un tiempo largo. No quiero decir unos cuantos minutos aquí y allá. Hablo de un tiempo serio.

Por lo tanto, debes proponerte hacer eso. Determina ser un adicto a la Palabra. Una vez que lo hagas, nunca estarás dispuesto a vivir sin ella de nuevo.

Lee y medita: Hebreos 4:1-12



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viernes, 11 de mayo de 2012

Es por Su gracia


“Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios.  La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo. Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.” (Efesios 2:8-10)

Muchas veces hemos hablado y escuchado sobre este texto bíblico. Pero pocas veces entendemos todo lo que acá está plasmado.

Muchos cristianos han olvidado que la razón de ser de nuestras vidas no somos nosotros mismos, es Dios. Por ende, la gloria de todo se la lleva Dios. En este mundo no hay nada que no se rija bajo la poderosa mano de Dios. Todo pero todo Dios lo ordena.

La soberana voluntad de Dios es la que dirige nuestra vida. No puedes jactarte de haber logrado algo por tus medios, si te jactas de ello, estás pecando. Dios es el único que permite todo lo que en tu vida sucede. Como hijos de Dios, tenemos un gran reto por delante y es vivir para Su gloria eterna.

Desde el momento en que somos llamados por el Padre para vivir para su gloria, nosotros tenemos muchos derechos, sí, pero también tenemos muchos deberes que cumplir. Se nos olvida que nosotros dependemos completamente de la soberanía de Dios. Debemos entender que Dios no está para hacer nuestra voluntad, nosotros estamos para hacer la voluntad de Dios.

El sacrificio de nuestro Señor Jesús, lo dejamos muchas veces por el suelo cuando nosotros, prepotentemente, nos jactamos de haber logrado una meta en nuestra vida. Cuando nuestra cabeza se va sobre las nubes cuando somos líderes, predicadores o pastores, lo único que estamos haciendo es dejar de lado el sacrificio de nuestro Señor Jesús.

Quiero hablar claro, si eres pastor  y estás leyendo esto, quiero que seas maduro con las palabras que diré: El pastorado no lo da un título de seminario, eso te ayuda a predicar mejor. El pastorado es cuidar de las ovejas, apacentar, conocer a las ovejas, amar a las ovejas. Pero, si solo pasas sentado tras un escritorio y cuando te piden ayuda dices que estás ocupado, que no tienes tiempo; puedes ser cualquier cosa, menos pastor.

Lamentablemente, se ha olvidado que la gracia de Dios es por lo que nosotros vivimos. Si no tuviésemos la gracia, el Padre ya nos hubiese fulminado. Pero, la gracia otorgada con el sacrificio de nuestro Señor Jesús, es lo que hace que nosotros podamos llegar delante del Padre a hablar con Él.

No se nos olvide que en quien el Padre tiene complacencia es en su hijo Jesús, no es en nosotros. Nosotros somos pecadores arrepentidos, pero seguimos pecando. Es ahí cuando la gracia es tan hermosa. Si no fuese por gracia todos estaríamos muertos.

Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y fue hecha una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.” (Lucas 3:22)

“Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido.” (Mateo 3:17)

Mientras estaba aún hablando, he aquí, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nube, diciendo: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; a El oíd.” (Mateo 17:5)

“Y vino una voz de los cielos, que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.” (Marcos 1:11)

“Entonces se formó una nube, cubriéndolos, y una voz salió de la nube: Este es mi Hijo amado; a El oíd.” (Marcos 9:7)

Y una voz salió de la nube, que decía: Este es mi Hijo, mi Escogido; a El oíd.” (Lucas 9:35)

Pero este versículo es el más bello de los que hablan sobre la complacencia del Padre en el hijo 2 Pedro 1:17: Pues cuando Él recibió honor y gloria de Dios Padre, la majestuosa Gloria le hizo esta declaración: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido.”

Ya olvidemos esas falsas palabras que nosotros podemos lograr algo por nuestros medios o capacidades. Todo lo que hemos hecho es por la bendita misericordia de Dios. Para Él tiene que ser toda la gloria. Si Dios se complace es por lo que Jesús hace en nuestra vida. Es porque ve a Su hijo en nosotros, cuando vivimos para la gloria de Él.

Recuerda que la Biblia hay que leerla, creerla y vivirla.



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