viernes, 21 de enero de 2011

Hablar a tiempo.






Por tanto, manténganse despiertos, porque no saben qué día vendrá su Señor. Mateo 24:42

Cuando permitió Dios que mi hermano mayor se me adelantara y fuera al cielo, yo no estaba preparado. Nunca le dije que lo amaba ni que apreciaba que él fuera el mayor. No llegué a expresarle lo que sentía por él. ¿Nos hemos puesto a pensar alguna vez acerca de qué haríamos si tan solo nos quedarán siete días de vida? ¿Qué haríamos? ¿Qué dejaríamos de hacer? En lo personal, yo intentaría no olvidar decir muchas cosas y callar otras. Soñar y vivir el sueño de Dios cuando lo demás duermen tiene que ver con administrar bien el tiempo.
Muchas veces pienso que mi corazón debería ser como la arena del mar, para que cuando hiciera falta una oleada fresca del Espíritu Santo se llevara las palabras que son solo momentáneas. Pero también me gustaría tener palabras firmes. Que no las borrara el tiempo. Palabras que fueran dadas en el momento justo y con la mejor intención.

No podemos olvidar que Dios nos puso en la tierra como peregrinos y nuestro tiempo aquí es corto. Parece extraño decirlo cuando somos jóvenes. Pero yo aprendí con la muerte de mi hermano que esta puede llegar muy temprano. No dejemos que todo aquello que está alrededor de nosotros nos nuble la vista y no nos permita ver lo que debemos hacer y lo que tenemos que decidir.

En lo más importante debemos concentrarnos y de ese modo siempre estaremos preparados para lo que pueda venir.


Punto de reflexión:

¿Qué cosas tengo que procurar decir en el tiempo justo?

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