miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cómo encontrar a tu pareja



Luego de entregarnos a Cristo, la decisión más importante de nuestra vida es decidir si casarnos o no y con quién.

Esta decisión condiciona todo el resto. Va a determinar nuestro éxito ministerial, social, económico, emocional e incluso familiar.

Si decides conservar tu soltería a fin de dedicarte por completo a lo que crees que vale la pena… ¡Qué bueno! No obstante, si tu deseo es casarte, tener a alguien con quien compartir tu vida y formar una familia, aquí te van dos consejos:

1.   Usa el cerebro.

El corazón es el órgano que representa los sentimientos, el romanticismo, el amor, pero nunca debe ser la única herramienta que utilices para tomar esta decisión tan importante ni ninguna otra. Aunque el Señor pone en nuestro camino personas que pueden llegar a ser nuestra pareja perfecta, también nos ha dado un cerebro para razonar y darnos cuenta de que hay algunas cosas que resulta necesario evaluarlas con la cabeza y no por medio de la vista o las sensaciones.

2.    Asegúrate que ambos comparten los mismos sueños e igual llamado.
Un matrimonio es un equipo, de modo que en toda pareja tiene que haber puntos en común que los unan y permitan  la visualización de metas, el trabajo mano a mano, y la comprensión de los sacrificios que tendrán que hacer en el camino.

Nunca hay que pretender que el ministerio nos interesa a fin de ganar a la chica o el chico que en verdad siente pasión por el mismo. Servir al Señor ministrando a los jóvenes requiere mucho sacrificio, así que no aguantarás  en esa relación si no eres en verdad quien dices ser. 

Lo mejor que te puede pasar es encontrar a alguien que tenga tu mismo llamado además de sentir una fuerte atracción emocional y física. Para decidir a quién quieres a tu lado tienes que primero decidir hacia dónde te diriges.

Como líderes cristianos debemos fijar nuestra mirada en Jesús sin desviarnos con distracciones superfluas que nos aparten de lo verdaderamente importante (Colosenses 3:1-2).

El apóstol Pablo nos enseña en 1 Corintios 10:31 que todo lo que hacemos debe ser hecho como para el Señor.   Con el mismo cuidado que ponemos a la hora de elegir nuestra carrera, nuestros amigos, un material de lectura o nuestras metas, así mismo tenemos que escoger a la persona que va a potenciarnos y ayudarnos a crecer y alcanzar los objetivos ministeriales como un reflejo de nuestra relación con el Señor y Su llamado.

Si la otra persona no entiende qué es lo que estás haciendo o no le interesa, probablemente fracasarás y de seguro experimentaras mucho dolor.


Te recomiendo hacer una lista real de aquellos atributos que quieres que tu pareja tuviera, así como de las cosas que por tu parte aportarías a la relación, luego comienza a orar por esa persona y no por conseguir una pareja. Si sabes a dónde vas y tienes el compromiso necesario para llegar allí, pronto tendrás a tu lado a la persona ideal para acompañarte. 



Líder en diferencia: http://liderendiferencia.blogspot.com

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