Ceda el paso
es una señal de tránsito que se utiliza en intersecciones o zonas de conflicto,
que indica al conductor, incorporase de forma segura sin interferir en la
maniobra de los vehículos de la otra corriente; es la obligación de ceder el
paso.
Es una señal
obligatoria, sin embargo pocas, muy pocas personas la obedecen. Generalmente
porque llevan prisa, no temen la autoridad, nadie los ve, o sólo porque no
saben lo importante que es. Esta señal evita que los vehículos choquen, que
atropellen a alguien o provoquen otro tipo de accidente.
En la vida de
cada persona, esas intersecciones o zonas de conflicto son los momentos en que
tenemos dificultades, problemas, decisiones, dilemas, pruebas, etcétera; y
normalmente sucede porque no cedemos el paso. Ceder el paso significa disminuir
la velocidad, observar la situación, pensar qué vamos a hacer y después actuar.
Esto es hacer una pausa y dejar que Dios se encargue de la situación, Él mismo
permite estas cosas para que aprendamos a confiar en su poder.
“Hermanos en Cristo, ustedes deben sentirse
muy felices cuando pasen por toda clase de dificultades. Así, cuando su
confianza en Dios sea puesta a prueba, ustedes aprenderán a soportar con más
fuerza las dificultades. Por lo tanto, deben resistir la prueba hasta el final,
para que sean mejores y puedan obedecer lo que se les ordene.” (Santiago 1:2-4)
“Por eso, aun cuando por algún tiempo tengan
que pasar por muchos problemas y dificultades, ¡alégrense! La confianza que
ustedes tienen en Dios es como el oro: así como la calidad del oro se pone a
prueba con el fuego, la confianza que ustedes tienen en Dios se pone a prueba
con los problemas. Si ustedes pasan la prueba, su confianza será más valiosa
que el oro, pues el oro se puede destruir. Así, cuando Jesucristo aparezca,
hablará bien de la confianza que ustedes tienen en Dios, porque una confianza
que ha pasado por tantas pruebas merece ser alabada.” (1 Pedro 1:6-7)
Nunca falta en
la vida de un creyente un problema en el trabajo, una discusión en la escuela,
la persona que con una palabra te puede hacer estallar, o aún peor, una
discusión familiar, dilemas morales, tentaciones, problemas económicos y muchas
cosas más. No es que Dios sea malo, sino que todos los caminos te llevan a...
Dios (no a Roma). Es decir, tarde o temprano reconoceremos el poder de Dios.
“Vengan a mí todos los pueblos que habitan en
lugares lejanos. Yo los salvaré,
porque yo soy Dios y no hay otro. Lo que digo es verdad, y
mi palabra no dejará de cumplirse. Ante mí, todos doblarán la rodilla y me
adorarán. Les juro que así será. Entonces todos dirán: ‘Sólo Dios puede dar la
victoria’. Los que se enojaron conmigo, se llenarán de vergüenza, y volverán a
obedecerme. Gracias a mí, los israelitas triunfarán y se llenarán de orgullo” (Isaías 45:22-25)
“Para que ante él se arrodillen todos los que
están en el cielo, y los que están en la tierra, y los que están debajo de la
tierra; para que todos reconozcan
que Jesucristo es el Señor y den gloria a Dios el Padre.” (Filipenses 2:10-11)
Hacer esto
(depender de Dios) no te va a quitar los problemas, te va a enseñar a lidiar
con ellos. Todo tiene un propósito: nuestra Salvación.
La vida en
Cristo es más complicada que manejar un automóvil, nuestras decisiones afectan
directa o indirectamente nuestro destino y también puede afectar a las personas
que queremos.
Realmente
aunque quisiéramos y lo intentáramos, no podemos hacer todo solos, siempre va a
haber algo más grande que nosotros, pero nunca más grande que nuestro Dios.
(Jeremías 20:11)
Si aprendemos
a respetar esta sencilla señal en cada momento y nos humillamos delante de
Dios, reconociéndole y dándole total control y autoridad sobre nuestra vida,
siempre estaremos en el camino de Su voluntad, ese camino de bendición,
prosperidad, obediencia y salvación.
“Por eso, estén atentos y piensen bien lo que
van a hacer, para que siempre hagan lo correcto. Y confíen plenamente en que
Dios los tratará bien cuando regrese Jesucristo. Ustedes, antes de que
conocieran la buena noticia acerca de Jesucristo, hacían todo lo malo que
querían. Pero ahora deben obedecer a Dios en todo, como buenos hijos. Así que
no hagan lo malo, sino manténganse apartados del mal, porque Dios los eligió
para ser su pueblo. En la Biblia, Dios nos dice: Yo soy un Dios diferente a los
demás, por eso ustedes deben ser diferentes a las demás naciones.” (1 Pedro
1:13-16)
Comienza hoy,
haz un análisis de tu vida, cede y dale oportunidad a Dios de enderezar tu
camino y ser tu guía y tu protector.
“Toma en
cuenta a Dios en todas tus acciones, y él te ayudará en todo.” (Proverbios 3:6)
“Dios mío, ¡enséñame
a hacer el bien! ¡Llévame por el buen camino, pues no quiero que mis enemigos triunfen
sobre mí!” (Salmos 5:8)
Tu decisión
determina tu destino.
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