“Enséñame a hacer tu voluntad, porque
tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guie a tierra de rectitud.” (Salmos
143:10)
Como seres humanos siempre buscamos
un sentido para nuestra vida, siempre estamos en busca de ese propósito por cual
vivir.
Este sentimiento de buscar un
objetivo por el cual vivir es natural en toda persona; ya que en todo momento
queremos tener un propósito el cual nos diga que nuestra vida vale la pena y
que si estamos vivos es por una razón.
Cuando caminamos fuera de Dios, este
propósito, este objetivo es muy difícil de entenderlo, es difícil identificar
el “porque” de nuestra existencia.
Pero cuando hemos encontrado a Dios,
es aquí donde comienza esa búsqueda nos empezamos a dar cuenta del propósito
por el cual hemos nacido.
Logramos entender cuáles son los
propósitos de Dios para cada uno de nosotros y es así como se va moviendo
nuestra vida.
Una vez que le hemos entregado
nuestra vida a Dios nuestro sentido de vivir cambia completamente; ya que no
solamente pensamos en lo que nosotros queremos, ahora nos preocupamos por saber
qué es lo que Dios quiere de nosotros.
Como hijos de Dios lo más importante
en nuestras vidas es Él y buscar la manera de agradarlo con cada cosa que
nosotros hacemos.
¿Y qué significa esta búsqueda? Esta
búsqueda es el hacer su voluntad, sabemos que en la vida de todo cristiano la
prioridad es Dios, por lo tanto ese sentido de búsqueda que ahora hay en
nosotros es la de hacer lo que Dios espera y desea de nosotros.
Su Espíritu Santo es el que nos guía
hacia esa voluntad, es Él quien guía nuestro caminar hacia el objetivo y los
propósitos de Dios, solamente tenemos que dejarnos guiar por su Espíritu para
poder cumplir con cada cosa que Dios espera por parte de nosotros.
Pero sabemos que muchas veces el
cumplir con la voluntad de Dios, se nos hace un poco difícil, porque hay
ocasiones en la que Dios quiere que actuemos de cierta manera a lo cual
nosotros muchas veces nos negamos a realizar; ya sea por orgullo, ego, por no
querer dejar de hacer lo que a nosotros nos gusta y que a nuestro criterio
están bien.
“Os haga aptos en toda obra buena
para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable
delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los
siglos. Amén.” (Hebreos 13:21)
Dios desde un principio sabía que el
hacer su voluntad para nosotros iba a hacer un trabajo un tanto difícil y que
requeriría de nuestro esfuerzo para poder lograrlo.
Es por esto que Él a través de su
palabra nos deja escrito que no solo por el hecho que lo veamos difícil, que
implique el negarnos a nosotros mismos no lo vamos a poder alcanzar. Al
contrario Él por medio de este versículo nos deja claro que es Él quien ha
puesto en nosotros la fortaleza para poder luchar y llegar a ser lo que desea
de cada uno de sus hijos.
Por lo tanto no podemos excusarnos
que no hacemos la voluntad de Dios porque no podemos, porque es más fuerte que
nosotros.
Dios nos recuerda que es Él por medio
de su Espíritu que nos da la fortaleza para poder decir NO a las cosas que nos
gusta y queremos, para decir SI a la voluntad, deseo y anhelos de Dios para
nuestra vida.
En ocasiones cuando pedimos a Dios
que nos revele su voluntad, para ciertas circunstancias que estamos
atravesando, cuando esa respuesta de Dios se nos revela nos parece injusto lo
que Dios nos pide o lo que Dios hace en nosotros.
Pensamos que no vamos a poder cumplir
con lo que Él nos pide y muchas veces al saber su respuesta no queremos actuar
en busca de esa voluntad por el hecho que esto implica, dejar de hacer lo que a
nosotros nos parece bien o dejar de hacer lo que nosotros ya habíamos planeado.
“No os conforméis a este siglo, sino
transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que
comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos
12:2)
No debemos conformarnos con solo
decir que creemos en Dios y que somos hijos de Él. En nosotros debe haber esa
transformación que Dios nos está pidiendo de nosotros.
Solo mediante esa transformación, esa
decisión de hacer a un lado nuestra voluntad por la de Dios es la que nos va a
llevar a conocer lo que Dios pide de nuestra vida, solamente así conoceremos
que en realidad Dios nos es injusto cuando nos pide que hagamos algo que Él
quiere.
Cuando luchemos por buscar la
voluntad de Dios nos daremos cuenta que sus propósitos son de bien para sus
hijos y que cada cosa que Él permite y nos pide son perfectas, recordemos que
Él jamás se equivoca y que nunca desea un mal para todos aquellos a quienes Él
ama.
Por lo tanto como buenos hijos de
Dios nuestro propósito es hacer lo que Dios ya ha escrito para nuestra vida.
Pidamos en todo momento de esa
sabiduría para que por medio de su Espíritu podamos cumplir con cada obra que
Él nos ha encomendado.
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